Para sorpresa de absolutamente nadie, el glorioso representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, ha confesado que el cuento de hadas de tener todos los caprichos del T-MEC resueltos para el 1 de julio es precisamente eso: una fantasía. En su infinita sabiduría, Greer nos iluminó desde el Hudson Institute advirtiendo que su obsesión por "reequilibrar" el acuerdo (traducción libre: exprimir hasta la última gota a sus vecinos) va a requerir negociaciones mucho más largas y tortuosas con México y Canadá.
Aparentemente, el famoso 1 de julio no es una fecha límite real que obligue a nadie a trabajar, sino más bien un ultimátum de caricatura. Es el día mágico en el que la administración Trump decidirá, desde su trono, si renueva el tratado tal como está o si desata el caos total exigiendo una renegociación más profunda. ¿El verdadero motivo de la rabieta imperial? El "aterrador" aumento de autos ensamblados en México y la "imperdonable" entrada de acero y aluminio a su prístino territorio. ¡Oh, la inmensa tragedia estadounidense de importar metales a buen precio!
La brillante estrategia de extorsión —perdón, de "negociación de ajustes diferenciados"— consiste en aplicar la vieja y confiable táctica de "divide y vencerás". Washington ha decidido que necesita fabricar un protocolo a la medida para castigar a México y otro distinto para martirizar a Canadá, porque claro, las humillaciones deben ser personalizadas según los "problemas específicos" de cada país. Mientras que a México ya lo tienen atado en la silla de los acusados, a los pobres canadienses los harán sudar frío hasta mayo para empezar el interrogatorio formal. Un calendario absurdamente apretado que no deja más que la certeza de que no lograrán acuerdos integrales antes del fatídico julio.
Por si este teatro burocrático no fuera suficiente pérdida de tiempo, la Oficina del Representante Comercial tendrá que enviarle un memorándum explicativo al Congreso estadounidense antes del 1 de junio. En esa nota tendrán que detallar qué clase de malabares planea hacer el gobierno con el tratado, marcando así el tono del desastre que pretenden oficializar un mes después.
Preparen sus asientos, porque la función de la ineptitud diplomática y la avaricia comercial apenas comienza, y promete extenderse mucho más allá de este verano.
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