Después de perder maravillosamente el tiempo durante más de veinte horas en Pakistán, el famoso alto el fuego entre Washington y Teherán está demostrando ser tan útil y duradero como un castillo de naipes en un huracán. ¿Hacia dónde se dirige este tren sin frenos? aquí cuatro posibles esenarios:
1. La "Pausa Táctica" (o el noble arte de ganar tiempo para recargar las armas) Llamarlo "alto el fuego" es un chiste de mal gusto, considerando que ni siquiera se ponen de acuerdo en qué significa violarlo o qué objetivos abarca. En realidad, es solo un pequeño receso para que ambos bandos descansen y evalúen si les conviene más bombardear una central eléctrica, un puente o alguna otra infraestructura vital. Y para ponerle la guinda al pastel de la paz mundial, tenemos a Israel, que podría decidir amenizar el momento asesinando a los mismísimos negociadores iraníes. Un ambiente ideal para fomentar la confianza mutua.
2. La "Guerra en la sombra" (Tirar la piedra y esconder la mano) Como iniciar una Tercera Guerra Mundial abierta da muy mala imagen, la solución cobarde preferida es la "escalada controlada". Esto significa utilizar a sus peones (fuerzas aliadas) para que hagan el trabajo sucio y rompan cosas en lugares como Yemen o el mar Rojo. Es un plan brillante, siempre y cuando a nadie le falle el pulso, porque un solo error de cálculo accidental nos arrastraría a un conflicto incontrolable.
3. Diplomacia discreta (Hablarle a la pared a través de intermediarios) A pesar de que el fracaso en Pakistán fue monumental, siempre hay mediadores optimistas como Qatar, Omán o Arabia Saudita intentando el milagro de hacer encajar la arrogante propuesta de 15 puntos de EUA con la obstinada contrapropuesta de 10 puntos de Irán. Spoiler diplomático: ninguna de las partes quiere ceder un milímetro de sus posturas, así que esperar un acuerdo rápido e integral es tener más fe que sentido común.
4. El Bloqueo Naval (Cómo arruinar la economía global por capricho) El as bajo la manga de Donald Trump: jugar a los barquitos en el estrecho de Ormuz para asfixiar a Irán y, de paso, molestar a China, su principal cliente. ¿Cuál es el costo de esta genialidad? Mantener a la Armada estadounidense estacionada indefinidamente como un gigantesco blanco flotante cerca de las fronteras iraníes, quemando montones de dinero. Todo esto garantiza un hermoso y catastrófico repunte en los precios mundiales del petróleo, especialmente si los hutíes deciden unirse a la fiesta bloqueando también el estrecho de Bab al-Mandab.
En resumen, la región ha inaugurado oficialmente la era de la "inestabilidad estructural", un término sumamente elegante para disimular que ya no sabemos distinguir entre estar en guerra o estar negociando, porque ambos bandos se dedican a hacer exactamente ambas cosas al mismo tiempo y con el mismo nivel de inoperancia.
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