Parece que en la gloriosa y nunca improvisada Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la guadaña no descansa. Resulta que se está evaluando darle las gracias a Esteban Moctezuma, quien lleva calentando la silla de la embajada en Estados Unidos desde 2021 para que lo sustituyan justo antes de unas negociaciones comerciales clave.
¿Y quién es el iluminado estratega elegido para ir a la boca del lobo a lidiar con el ICE y las incesantes quejas gringas para que México detenga a los cárteles? Nada menos que Roberto Lazzeri, un abogado y economista de 42 años que, en un alarde de "experiencia diplomática", actualmente es el director de Nafin y Bancomext. Porque claro, para salvar el T-MEC y lidiar con la crisis migratoria, no necesitas a un embajador colmilludo, necesitas a un exjefe de gabinete de la Secretaría de Hacienda que se hizo famoso entre los banqueros durante el gobierno de López Obrador.
El gran mérito de este muchacho en Washington es para llorar de orgullo nacional: el año pasado fue pieza clave para rogarle al Departamento del Tesoro de EUA que no bloquearan de golpe a tres entidades financieras mexicanas acusadas de —¡oh, sorpresa!— lavar dinero para los cárteles de la droga. Gracias a su heroica intervención, consiguió dos jugosas prórrogas para que estas finísimas empresas pudieran organizar su desastre "de una manera más ordenada".
Por si fuera poco, no olvidemos que este genio también fue la figura clave detrás de la magistral operación de 2023 donde el gobierno desembolsó la humilde cantidad de 6.000 millones de dólares para comprarle centrales eléctricas a Iberdrola. Seguramente Donald Trump y su equipo están temblando de miedo ante semejante prodigio que ya empezó a colarse en las fotos publicadas por Sheinbaum en X, sonriendo junto a Marcelo Ebrard y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer.
Todo este circo ocurre en una SRE que parece caerse a pedazos. Apenas este mes, Juan Ramón de la Fuente aventó la toalla "por motivos de salud" (probablemente una alergia severa al estrés de este sexenio), dejándole la titularidad a Roberto Velasco. Por supuesto, Velasco fue ratificado en un abrir y cerrar de ojos por un Senado convertido en oficialía de partes, donde la coalición de Sheinbaum levanta el dedo en automático sin la más mínima necesidad de negociar con lo que queda de la oposición.
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