Dicen los sabios que la verdad siempre sale a flote, pero en el caso de esta administración, lo que flota irremediablemente es el crudo manchando las playas y tapizando de chapopote la narrativa oficial. ¿Por qué el absurdo empeño en ocultar lo innegable? Quizás porque la comunicación no es el fuerte de la Presidencia y, seamos honestos, con este nivel de incompetencia en su gabinete, definitivamente no la ayudan.
En un giro de guion que no sorprende a nadie con dos dedos de frente, Petróleos Mexicanos (Pemex) tuvo que salir a tragar aceite y confesar que sus propios funcionarios ocultaron, con alevosía y ventaja, información sobre la perforación de un oleoducto en el Golfo de México. En un despliegue de cinismo verdaderamente poético, las mentes maestras de la paraestatal intentaron vendernos el desastre como un simple y tierno "lagrimeo". Claro, un "lagrimeo" tan inconsolable que requirió la movilización de una flota de 11 buques para intentar contener el derrame de hidrocarburos. Porque todos sabemos que cuando la tubería llora un poco, necesitas a media armada naval para pasarle un pañuelo.
Para lavarse las manos -ya de por sí manchadas de opacidad- el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, anunció con bombo y platillo la guillotina para tres funcionarios. Y presten atención a los irónicos y rimbombantes cargos de los "genios" despedidos: el subdirector de Seguridad, Salud Ocupacional y Protección Ambiental; el coordinador de Control Marino, Derrames y Residuos; y, la joya de la corona, el "líder de Derrames y Residuos". Vaya que este último le hizo honor a su puesto: lideró el derrame para que fluyera con total libertad.
El origen de este monumental despropósito, según nos iluminan ahora que ya no pueden tapar el desastre con un dedo ensalivado en petróleo, no fue una plataforma, sino un modesto oleoducto de 33 pulgadas en la zona de Abkatun Polchuc. De ahí emanaron los aceites que, al igual que la negligencia gubernamental, terminaron recalando tristemente en nuestras playas.
Este bochornoso espectáculo pone en entredicho la credibilidad de la 4T por enésima vez. ¿En qué cabeza cabe la brillante idea de ocultar un desastre ecológico de esta magnitud. Al final, estos funcionarios no solo demostraron una ineptitud ambiental supina, sino que dejaron claro que en materia de manejo de crisis, la Presidencia está rodeada de lastres que la hunden más rápido que un buque con agujeros.
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