Pobrecita de Nissan Mexicana. Con tantos comerciales de autos del año, patrocinios, boletines y publirreportajes que la pintan como el titán invencible de la industria, uno pensaría que sus directivos nadan en bóvedas de oro al estilo de Rico McPato. Sin embargo, la realidad parece estar necesitando respiración boca a boca, porque detrás de esa fachada de "empresa poderosa", las cuentas están en coma.
Según el Comunicado General 08/2026 de su Sindicato (CATEM), fechado en Aguascalientes este 21 de abril, la empresa le ha confirmado a sus trabajadores que, tras la revisión del ejercicio fiscal 2025, simplemente no se generaron utilidades repartibles este año. ¿El motivo oficial que arrojaron las misteriosas auditorías? Que el monstruo automotriz presentó una triste y conveniente "pérdida fiscal".
Sí, leyeron bien: la misma empresa que te ensarta un crédito automotriz a cinco años con intereses que te hacen llorar, resulta que oficialmente está perdiendo dinero. Es casi conmovedor ver cómo un coloso de la manufactura finge estar prácticamente en bancarrota frente a sus empleados para no tener que abrir la cartera.
Pero no se preocupen, la tragedia tiene un premio de consolación. Para evitar que la moral colapse por completo, el documento les recuerda que, gracias al Contrato Colectivo de Trabajo, al menos recibirán un "Bono de Garantía" antes del 10 de mayo. ¡Felicidades a los que trabajaron más de 60 días! Con ese bono seguro podrán invitarle a sus mamás unos tacos en su día, cortesía de la "pérdida fiscal" de la todopoderosa Nissan.
Y por si fuera poco, para rematar este chiste financiero, el comunicado anuncia majestuosamente que también se repartirá una "pequeña cantidad" de las utilidades que mágicamente no fueron cobradas en 2025. Cuidado, trabajadores, no se vayan a volver locos y gasten esa "pequeña cantidad" en un solo viaje al supermercado.
Al final, Nissan se queda con su maquinaria de relaciones públicas intacta, recibiendo su oxígeno mediático para seguir presumiendo grandeza, mientras que los bolsillos de quienes arman sus autos reflejan la verdadera e hilarante miseria de su contabilidad. ¡Qué talento para hacer autos y qué magia para desaparecer el dinero!
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