¡Buenas noticias para los entusiastas del espacio y para quienes ya estaban un poco aburridos de nuestro planeta! La misión Artemis II ha despegado este miércoles con rotundo éxito, rompiendo una racha de más de 50 años sin humanos en la órbita lunar.
La euforia en la Tierra no se hizo esperar, y no es para menos. El comandante Reid Wiseman nos regaló las primeras postales poéticas al entrar en la atmósfera superior: "Qué vista tan increíble" y "Tenemos una salida de Luna espectacular".
Por supuesto, un viaje en carretera de esta magnitud tiene su precio. Hasta la fecha, este maravilloso programa que busca preparar futuros alunizajes y, con el tiempo, establecernos una base lunar, ha costado la modesta suma de $93,000 millones de dólares. Pero cada centavo vale la pena, e incluso el Presidente Donald Trump se unió a las celebraciones en Truth Social, proclamando con su característico entusiasmo: "Estamos ganando en el espacio, en la Tierra y en todo lo que hay entre medias (...) y el mundo entero está mirando". Además, no olvidó añadir un sentido "¡Que Dios bendiga a nuestros increíbles astronautas!".
Todo va de maravilla, aunque hubo un pequeñísimo susto cuando el equipo de tierra perdió temporalmente la comunicación con la nave. Imagínense el ligero microinfarto: gastas miles de millones y la radio falla como cuando pasas por un túnel. Afortunadamente, los ingenieros demostraron su genialidad, lo solucionaron rapidísimo y confirmaron que la tripulación está "a salvo, segura y con muy buen ánimo".
Ahora, tras desacoplar los propulsores, la nave viaja a la nada despreciable velocidad de 16.000 km/h. Los astronautas vivirán los próximos 10 días a bordo de la maravillosamente "acogedora" cápsula Orión, un espacioso monoambiente de cinco metros de ancho por tres de alto. ¡Nada une más a un equipo que compartir un espacio diminuto sin ventanas abatibles durante más de una semana!. Al menos no les faltará energía gracias a sus cuatro paneles solares recién desplegados, armados con 15.000 celdas cada uno.
Las maniobras orbitales también tendrán un toque acrobático. La nave realizará una "voltereta hacia atrás" para enfrentar la etapa de propulsión, una audaz pirueta que servirá de práctica para el futuro. Una vez allí, tendrán el privilegio de sobrevolar la misteriosa cara oculta de la Luna a una distancia de entre 6.500 y 9.500 km.
Y aquí viene el trabajo científico más arduo: dedicarán tres horas completas a mirar fijamente por la ventana. Bueno, a "observar y captar imágenes" de la geología lunar. Como muy bien justificó la especialista Christina Koch, "los ojos humanos son uno de los mejores instrumentos científicos que tenemos". Una manera sumamente romántica y económica de decir que asomarse para ver la Tierra y la Luna juntas es un método infalible.
El módulo se separará y la cápsula deberá girar rápidamente para que su escudo térmico haga el trabajo sucio. Si todo sale a la perfección —y estamos seguros de que así será— soportarán unos agradables 2.700 °C (apenas la mitad de la temperatura de la superficie del Sol) mientras caen en picada atravesando la atmósfera a 40.000 km/h. ¡Confiamos plenamente en que la tecnología evitará que se conviertan en la barbacoa más veloz del sistema solar!.
Una vez superado este extremo "sauna espacial", los paracaídas se abrirán de forma majestuosa para garantizar un amerizaje suave y triunfal en el océano Pacífico, frente a la costa de California, donde un equipo de rescate ya los estará esperando con los brazos abiertos.
¡Qué gran momento para estar vivos y celebrar el increíble regreso de la humanidad al espacio!
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Credit: NASA
