¿Qué hacías tú a los 60 años? Bueno, el Ferial de Aguascalientes está celebrando su sexta década de vida con una vitalidad y ritmo que ya quisiéramos muchos en las rodillas. Este año, bajo el emotivo título de “El Ferial de mi vida”, el espectáculo nos lleva a recorrer 60 años de identidad, tradición y memoria, todo guiado por los invaluables recuerdos de la abuela Estela (que seguramente tiene mejores anécdotas que cualquiera de nosotros).
De un salón de clases a la fama total Todo este hermoso merequetengue cultural empezó en 1966 de la forma más casual: en un salón de clases. Los maestros Víctor Sandoval y Ladislao Juárez se pusieron creativos imaginando cómo presumir el tremendo talento local que se estaba horneando en la Casa de la Cultura. Armaron el espectáculo, lo estrenaron nada menos que en el Palacio de Gobierno, ¡y pum! Éxito inmediato. La gente respondió tan bien que el evento creció año con año hasta volverse una de las expresiones culturales más queridas de todo el estado.
El Ferial nómada Como el público no dejaba de crecer, el Ferial tuvo que hacer maletas y volverse un poco nómada. Pasó de presentarse en la Plaza de Toros San Marcos al Teatro Morelos, hasta que por fin le dieron las llaves de su casa definitiva y se consolidó en el Teatro Aguascalientes. A lo largo de este tiempo, se ha convertido en el lugar perfecto para que Aguascalientes se cuente historias a sí mismo; en cada coreografía y pieza musical se reflejan las tradiciones y la esencia de su gente.
El himno no oficial: "El Pregonero" Si vas al Ferial y no se te pone la piel de gallina al final, ¿realmente fuiste? El cierre del show no es una simple despedida, sino un "eco que permanece" cuando entra El Pregonero, la icónica composición de Ladislao Juárez Ponce. Más que una canción para decir adiós, es un símbolo de identidad que reafirma nuestro sentido de pertenencia y nos hace sentir el orgullo a flor de piel.
Al final del día, el Ferial no se acaba cuando cae el telón. Se queda a vivir sin pagar renta en el corazón de quienes lo hacen posible, en cada espectador que aplaude de pie y, por supuesto, en los entrañables recuerdos que, como los de la abuela Estela, mantienen vivo al Ferial de toda una vida.
¡Que vengan otros 60 años más de música, baile y pura tradición hidrocálida!
