¿Estás en medio de una guerra con Irán, enviando paracaidistas y marines a la región, y no sabes cómo darle un giro aún más caótico al asunto? El Pentágono tiene la receta perfecta: ¡Despide a la cúpula militar de tu propio país! Nada grita "estabilidad estratégica" como pedirle al jefe del Estado Mayor del Ejército que empaque sus cosas con efecto inmediato en pleno conflicto.
El general Randy George, cuyo principal delito parece haber sido asumir el cargo durante la administración de Joe Biden, fue cordialmente invitado a retirarse a menos de dos años de su nombramiento, ignorando el pequeño detalle de que su mandato debería durar cuatro. El arquitecto de esta brillante limpieza primaveral es el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien desde su llegada se ha dedicado a jugar a las sillas musicales, pero quitando las sillas. De hecho, más de una decena de generales y almirantes ya han sido forzados a un retiro anticipado, incluyendo a la almirante Lisa Franchetti y al general Charles "CQ" Brown Jr., este último cortesía directa de Donald Trump.
¿Y quién se queda con el puesto de George para liderar al ejército en estos tiempos de paz mundial? Qué casualidad: el general Christopher LaNeve, quien fungía como principal asesor de Hegseth. Hace apenas dos años LaNeve era un humilde general de dos estrellas, pero gracias a esta nueva y mágica "meritocracia", ha ascendido a la cima del Ejército en un tiempo récord.
Pero no creas que la guadaña se limitó a los estrategas de combate; la salud mental también fue dada de baja. El mayor general William Green, jefe de capellanes, corrió la misma suerte. Al parecer, Hegseth está harto de tanta sensibilidad y ha ordenado que los capellanes dejen de usar el uniforme con rango y abandonen el molesto "autocuidado terapéutico" y la "autoayuda". Su directiva es simple: enfóquense en Dios. Básicamente, si tienes estrés postraumático en las trincheras, deja de quejarte y ponte a rezar.
Mientras el Pentágono se desmantela a sí mismo con el entusiasmo de un aficionado a las demoliciones, el plan maestro para Irán sigue su curso. En un derroche de poesía diplomática, Trump anunció que los golpearán tan duro que los devolverán "a la Edad de Piedra", frase que su fiel secretario de Defensa repitió como un loro en redes sociales.
Los iraníes, que seguramente apreciaron la ironía desde su misión en la ONU, se limitaron a recordar que su civilización tiene más de 7.000 años de historia. En otras palabras, ya pasaron por la Edad de Piedra una vez, así que probablemente sepan cómo lidiar con tácticas cavernícolas, algo que, a juzgar por el estado del liderazgo en Washington, a Estados Unidos le vendría bien aprender.
