¡Preparen sus estampitas y persígnense! El titular del Instituto de Servicios de Salud del Estado de Aguascalientes (ISSEA), Rubén Galaviz Tristán, nos ha traído la maravillosa y aterradora noticia de que el estado se incorporará de manera definitiva al tan "eficiente" IMSS Bienestar en 2028. Si creían que el sistema de salud local era un privilegio que podíamos conservar, lamento romper su burbuja: el destino nos ha alcanzado.
El plan maestro de la Federación para salvarnos comenzará con una innovadora etapa de "credencialización" a nivel nacional. Porque todos sabemos que el verdadero problema de la salud pública no son los quirófanos obsoletos, sino la falta de un plástico en nuestra cartera. Con esa tarjeta mágica, el gobierno promete "control y acceso" a los servicios de salud, lo cual seguramente nos curará mientras esperamos horas en la sala de urgencias.
Para aquellos estados rebeldes que aún tengan la osadía de resistirse a abrazar este milagro administrativo, el gobierno federal tiene una sorpresa nada sutil. Aunque la transición gradual comienza en 2027, a los que se nieguen a soltar su autonomía se les obligará a entrar al redil en 2028 a través de un simpático "decreto presidencial". Como poéticamente sentenció el funcionario estatal, para los que no se adhieran por las buenas, "no va a haber opción más que estar en el 2028". Así es: la asimilación es inminente; todo el país operará obligatoriamente bajo el mismo sistema unificado.
Pero tranquilos, que la diversión apenas comienza para el personal médico. Galaviz confesó que existen unos "pequeños" retos por solucionar, como el capital humano y la certeza laboral. La Federación tendrá la titánica y "fácil" tarea de llevar a cabo un proceso de basificación para igualar una "variedad muy grande de salarios". "Ahora todos van a ser iguales", afirmó el titular del ISSEA. ¡Qué emoción para los trabajadores de la salud descubrir si esa igualdad será hacia arriba, o hacia el abismo de la precariedad presupuestal!
Si a este punto ya están redactando su testamento, el secretario de salud nos dejó una diminuta migaja de consuelo: la lejana posibilidad de que existan "esquemas mixtos". En este escenario de ensueño, tal vez algunos hospitales logren sobrevivir bajo la administración estatal o municipal, coexistiendo en agónica armonía con el mastodonte federal.
Así que, hidrocálidos, disfruten sus últimos años de atención médica medianamente funcional. ¡El decreto presidencial nos acecha y el IMSS Bienestar nos espera en 2028 con los brazos abiertos y sin paracetamol!
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