Parecía el inicio de un mal chiste: dos estadounidenses y dos funcionarios mexicanos viajan por la sierra de Chihuahua a las 2 de la madrugada... pero el remate fue un accidente automovilístico fatal que terminó destapando una cloaca diplomática. Gracias a los siempre inoportunos chismosos de The Washington Post y The New York Times, el mundo se enteró de que los dos norteamericanos finados no eran turistas despistados buscando el sentido de la vida, sino agentes de la mismísima Agencia Central de Inteligencia (CIA). Por supuesto, la Embajada de Estados Unidos y nuestras muy "transparentes" autoridades mexicanas prefirieron guardarse los nombres de los caídos tras el reporte del choque, como si aplicar el anonimato póstumo fuera a borrar el pequeño detalle de que estaban operando en secreto.
¿Y qué hacían en suelo chihuahuense? Pues, si le creemos al fiscal general de Chihuahua, César Jáuregui, los agentes solo estaban realizando inocentes y puras "labores de capacitación". Porque, seamos honestos, nada como ir en un convoy a desmantelar narcolaboratorios clandestinos de metanfetamina en la sierra y de madrugada. Acompañados del difunto director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), Pedro Román Oseguera Cervantes, y el agente Manuel Genaro Méndez Montes, nuestros distinguidos capacitadores extranjeros al parecer decidieron que el mejor team building es meterse a zonas de guerra a horas donde la gente decente duerme.
Mientras tanto, en la capital, la presidenta Claudia Sheinbaum reaccionó con la indignación de quien descubre que armaron una fiesta en su casa y no la invitaron. "No estábamos enterados", clamó, exigiendo explicaciones a Chihuahua y a Estados Unidos porque, vaya atrevimiento, se supone que jugar a los espías internacionales con agencias extranjeras requiere el visto bueno de la Federación y no es un pasatiempo de jurisdicción estatal. Qué falta de tacto del gobierno local: organizar una excursión táctica letal con la inteligencia estadounidense y olvidarse de mandar el memorándum a la presidencia.
Al final del día, esta tragicomedia fronteriza nos deja un dulce y amargo sabor a déjà vu. Casi nos recuerda a aquel glorioso y muy diplomático episodio de 2012 en Tres Marías, cuando policías federales decidieron jugar al tiro al blanco contra una camioneta de la embajada gringa, dejando heridos a otros dos agentes de la CIA. Queda clarísimo que los operativos de la inteligencia estadounidense tienen una suerte envidiable en las carreteras mexicanas... casi tan envidiable como nuestra inviolable soberanía nacional.
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