Aguascalientes ostenta con orgullo el meloso, endulcorado y mermeladoso título de "La Tierra de la Gente Buena", pero detrás de esa dulce fachada, la realidad es que sus habitantes cada vez se soportan menos. Gracias a las estadísticas reveladas por el director de Justicia Cívica del municipio, Moisés de Luna Martínez, hoy sabemos que los conflictos entre vecinos van en un aumento tan vertiginoso que resulta cómico. Al parecer, la legendaria "bondad" hidrocálida colapsó estrepitosamente: de registrar unas pacíficas 15 mediaciones en 2024, el año pasado se cerró con la vergonzosa cantidad de casi 150 procesos.
¿Y cuáles son los nobles motivos por los que tanta "buena gente" se desgarra las vestiduras? Los pleitos surgen por no soportar a las mascotas, por hacer ruido excesivo y por ridículas diferencias cotidianas que terminan escalando mágicamente a faltas administrativas. El amor al prójimo es tanto, que algunas personas llegan a ser detenidas por armar disturbios en plena vía pública. Eso sí, la valentía de nuestra buena gente dura muy poco; en cuanto la autoridad intenta agarrarlos en flagrancia, los rijosos se dispersan cobardemente o, en un acto de cinismo moderno, sacan el celular para grabar su propio berrinche en video.
Pero la verdadera joya de nuestra inmaculada civilidad la aporta José Alfredo Gallo Camacho, coordinador general de Delegaciones, al exponer que al 40% de los involucrados les importa un reverendo comino recuperar la paz. Estas personas son tan maduras y racionales que simplemente se niegan a participar en cualquier mediación; los citan para arreglar los problemas y, en un despliegue de superioridad moral, de plano no acuden.
Si te preguntas en qué mágico rincón de la ciudad florece con más fuerza esta encantadora toxicidad vecinal, dirige tu mirada hacia el oriente. Zonas de alta densidad poblacional como el área de Villas y la Rodolfo Landeros se llevan la medalla de oro en quejas y pleitos, aunque para ser justos, el milagro de la intolerancia ya se reparte de forma equitativa por todo el municipio.
Así que la próxima vez que alguien te presuma el eslogan de "La Tierra de la Gente Buena", recuérdale que es mejor no hacer ningún ruido ni salir a la calle, no vaya a ser que la infinita "bondad" de su vecino termine en un pleito callejero y en un citatorio judicial al que, de todos modos, nadie se va a presentar.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
