Estados Unidos ha decidido ir a llorarle a la ONU porque resulta que jugar al Buscaminas en la vida real es un poco más complicado que en Windows 95. El representante estadounidense, Mike Waltz, le ha suplicado al Consejo de Seguridad que por favor armen una "coalición internacional" para limpiar el desastre en este paso vital para el comercio global. Al parecer, el ejército estadounidense ya empezó a barrer, pero se han dado cuenta de que necesitan que alguien más les sostenga la pala.
Pero el verdadero premio a la comedia de errores del año se lo lleva Teherán. Resulta que Irán sembró el estrecho con explosivos, pero ahora padecen un severo y muy conveniente caso de amnesia: dicen que no tienen idea de dónde dejaron sus propias minas. El propio Waltz, con un tono que seguramente desbordaba frustración, denunció que los iraníes "han admitido estos crímenes, pero son tan incompetentes que ahora dicen que no saben dónde están las minas". Un clásico caso de perder el mapa del tesoro, solo que este tesoro vuela buques petroleros por los aires.
Mientras tanto, en un acto de pura diplomacia pacífica, Donald Trump ha prometido mantener su bloqueo naval para asfixiar las exportaciones de petróleo iraní, esperando que la estrangulación económica los anime a sentarse a charlar. Claro, esta brillante maniobra de presión ha paralizado el tránsito de cientos de barcos y disparado los precios internacionales de la energía, pero ¿qué importa el colapso logístico global cuando se trata de demostrar quién manda?. Ah, y como pequeño daño colateral, el cierre de estas arterias comerciales está bloqueando el 80% de los suministros de las agencias de ayuda humanitaria. Un aplauso para la empatía geopolítica.
Por el lado iraní, la burla no se queda atrás. Teherán ofreció un trato maravillosamente cínico: reabrir el canal, pero solo si todos aceptan fingir que su programa nuclear no existe y se postergan las negociaciones al respecto. Cuando Estados Unidos intentó negociar en Pakistán, el canciller iraní Abbas Araghchi simplemente hizo la técnica de la bomba de humo y se fue, dejando a los enviados de la Casa Blanca con los pasajes comprados y la dignidad rota.
Y para cerrar esta maravillosa obra de teatro del absurdo, la comunidad internacional ha decidido nombrar a Irán como vicepresidente de la conferencia del Tratado de No Proliferación Nuclear. Sí, han puesto al régimen que se niega a negociar su programa atómico a supervisar la no proliferación en el mundo. El subsecretario estadounidense Christopher Yeaw calificó esto de "vergüenza y bochorno", pero honestamente, es el chiste negro más perfecto que la ONU pudo haber escrito en años. Es como nombrar a un pirómano como jefe honorario del departamento de bomberos.
El mundo sigue esperando que mágicamente se resuelva el libre tránsito y se evite un colapso energético, mientras los líderes mundiales evalúan alianzas como si estuvieran eligiendo equipos para jugar al quemado. Que sigan fluyendo los barriles y las risas.
