En un despliegue de genialidad que desafía toda lógica humana, a unos visionarios en el ejido Jesús María, Aguascalientes, se les ocurrió una idea millonaria: arrasar con 8.5 hectáreas de ecosistema nativo para plantar nopal y agave. Porque, aceptémoslo, ¿a quién le importa la aburrida estabilidad del suelo y la biodiversidad cuando hay pulque y forraje de por medio?
Todo marchaba viento en popa en la zona conocida como El Chichimeco, hasta que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en su necio afán de hacer su trabajo, acudió tras una denuncia popular. Los inspectores llegaron para arruinar la fiesta y se encontraron con que los emprendedores habían eliminado el matorral xerófilo nativo, abriendo amigables brechas y caminos para su nuevo negocio.
Lo más irónico del asunto es la selección de víctimas de esta masacre botánica. Para lograr su sueño, removieron especies que la naturaleza puso ahí, como mezquites, huizaches, palos blancos, cardenches, garruños y, redoble de tambores... ¡nopales silvestres!. Es decir, nuestros brillantes agricultores destruyeron nopales endémicos para poder sembrar nopal forrajero y agave pulquero. Un verdadero triunfo del capitalismo sobre la ecología.
Pero el drama no termina ahí. A los responsables de este ecocidio se les "olvidó" un pequeño, diminuto e insignificante detalle burocrático: pedirle permiso a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para cambiar el uso de suelo. Al parecer, no sabían que talar vegetación sin autorización para acelerar la degradación de zonas áridas es un delito federal. ¿Quién lo diría?
Gracias a la intromisión de las autoridades, que procedieron a clausurar temporalmente las actividades y llenar de sellos las brechas recién abiertas, nos perderemos de los increíbles beneficios de este proyecto. Ya no podremos disfrutar de la alteración del equilibrio ecológico ni celebrar cómo se reduce la capacidad de infiltración de agua en la región.
Ahora, la Profepa ha iniciado procedimientos administrativos para determinar las sanciones correspondientes. Así que, si estás pensando en destruir un ecosistema entero para tu próximo gran negocio de agave, ten en cuenta que a las autoridades no les hace gracia la ironía de matar la flora local para plantar exactamente lo mismo, pero en versión comercial.
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