Resulta que en medio de una apagada monumental y una miseria energética digna de la Edad Media, los inquebrantables paladines del antiimperialismo cubano han descubierto que sentarse a rogarle a los enviados de Donald Trump no es tan mala idea después de todo. Según Alejandro García del Toro, un funcionario al que le tocó el bochornoso trabajo de dar la cara, este milagroso encuentro en La Habana fue sumamente “respetuoso y profesional”. Me imagino la escena: los estadounidenses tomando agua mineral helada mientras los jerarcas del partido comunista suplican que por favor les levanten el "cerco energético" para poder encender un bombillo.
Y adivinen quién fue el brillante elegido para defender los 67 años de gloriosa y polvorienta revolución frente a los diplomáticos del norte: nada menos que Raúl Guillermo Rodríguez Castro. El queridísimo nieto del líder de 94 años, Raúl Castro, nos demuestra una vez más que la meritocracia comunista es una enfermedad que se hereda por línea sanguínea directa. Este pobrecito pichón de dictador tuvo que ir a llorar la triste realidad de que, desde que los norteamericanos capturaron a su principal patrocinador, Nicolás Maduro, en enero, la isla se quedó sin su adorado dispensador de petróleo gratuito. Sin los barriles de lástima de Maduro, Cuba sufre de apagones crónicos y escasez de absolutamente todo lo que combustiona. Pero tranquilos, que para el régimen esto es solo un "castigo injustificado", no el resultado de décadas de parasitismo económico.
Pero la burla no termina ahí; el Departamento de Estado le ofreció a los cubanos acceso a internet de alta velocidad mediante Starlink, siempre y cuando adopten "reformas económicas sostenibles". ¡Qué oferta tan tentadora! Darle internet satelital libre a un gobierno que le tiene más terror a un tuit sin censura que a una invasión militar. Obviamente, tener a Elon Musk sobrevolando la isla es visto como una plaga, dado que la dictadura prohíbe el internet satelital para mantener a sus ciudadanos viviendo en el siglo XX. Para añadir más sal a la herida caribeña, se filtró que los estadounidenses les dieron un ultimátum de dos semanas para soltar a sus presos políticos estrella, aunque el régimen, con su habitual alergia a la verdad, juró ofendido que nadie les pone plazos.
Mientras tanto, Donald Trump, ha sugerido casualmente que podría usar la fuerza para terminar con el régimen cubano... pero solo cuando termine de resolver su pequeña "guerra en Irán". Pone a La Habana en lista de espera para el apocalipsis. Ante la inminente posibilidad de ser aplastados, el presidente títere Miguel Díaz-Canel salió a balbucear que claro, podemos negociar con nuestro enemigo histórico, pero ¡ojo!, el brillante liderazgo y el sistema de gobierno que tiene a la gente cocinando a leña "no están en discusión". Qué estrategia tan maestra, Miguel: exigir que no te cambien los muebles mientras la casa entera se consume en llamas.
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