Dicen que los verdaderos amigos se conocen en los peores momentos, pero en la diplomacia internacional, los "amigos" aparecen mágicamente cuando se te corta el suministro de hidrocarburos. Corea del Sur, en un repentino ataque de hermandad transcontinental, ha decidido que México y Brasil son sus nuevos mejores aliados, rogándoles cooperación para que sus empresas no se queden secas de petróleo.
El canciller surcoreano, Cho Hyun, al ver que el Medio Oriente sigue su tradicional costumbre de colapsar en conflictos bélicos, levantó el teléfono presa del pánico para marcarle a sus homólogos latinoamericanos. En su desesperada llamada con el mexicano Roberto Velasco, Cho de repente recordó que México es "una importante nación productora de petróleo" y le suplicó un suministro constante de crudo. Y como en toda buena extorsión emocional, Cho aprovechó la ocasión para endulzarle el oído a Velasco, sugiriendo que "ya es hora" de revivir ese polvoriento tratado de libre comercio y proteger las inversiones. Nada como acordarte de un país solo cuando tu proveedor principal está en llamas.
Pero la gira de mendicidad telefónica no terminó ahí. El ministro surcoreano también le lloró las penas al canciller brasileño, Mauro Vieira, explicándole que la crisis en Oriente Medio los tiene sudando frío y buscando desesperadamente alternativas. Cho, con su mejor cara de "por favor, sálvennos", le expresó su gran expectativa de ampliar la cooperación en "seguridad energética", que en el crudo lenguaje diplomático significa: "véndenos lo que tengas antes de que nuestras fábricas de tecnología se apaguen". Todo esto, claro, bajo la conveniente y reciclada excusa de concretar la "asociación estratégica" pactada en febrero entre Luiz Inácio Lula da Silva y el mandatario surcoreano, Lee Jae-myung.
La hipocresía matemática es fascinante: resulta que el país asiático importa cerca del 70 por ciento de su petróleo de Medio Oriente, y para su desgracia, el 95 por ciento de ese crudo tiene que pasar por el Estrecho de Ormuz. Ahora que Irán está en guerra y los bloqueos son el pan de cada día, el ministro de Finanzas surcoreano, Koo Yun-cheol, ha descubierto de forma milagrosa la extrema urgencia de expandir los tratados con América Latina para "diversificar sus cadenas de suministro".
Así que felicidades, México y Brasil. Han pasado de ser una región ignorada a convertirse en la rueda de repuesto de emergencia del milagro económico surcoreano; al menos mientras les dure el pánico de que el 20 por ciento de su gas natural y la mitad de su nafta se queden atrapados para siempre en el fuego cruzado.
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