Por si creían que la magia no existe, en el municipio de Asientos, Aguascalientes, acaban de demostrar lo contrario. Resulta que a las autoridades estatales y municipales se les pasó "ligeramente" de noche la desaparición de nada menos que 11,300 metros cuadrados de vegetación forestal en el Ejido La Dichosa. ¡Un detallito de nada que seguramente se escondió detrás de un poste!
Al parecer, los inspectores de la PROESPA estaban muy ocupados mirando hacia el cielo, porque alguien logró meter maquinaria pesada, arrasar con el matorral xerófilo y construir toda una planta de empaque con sus respectivas bodegas sin que nadie en el gobierno estatal sospechara absolutamente nada. ¿Los permisos de la Semarnat para el cambio de uso de suelo? Bien, gracias, brillando por su ausencia.
La masacre botánica incluyó a víctimas inocentes que no pudieron correr, como el mezquite, el huizache, el garruño, los nopales y —tragedia nacional— el maguey pulquero. Todo ese ecosistema fue amablemente arrasado para poner concreto en nombre del "desarrollo", causando lo que la Profepa describe tímidamente como un daño "significativo" a la cobertura vegetal y al equilibrio del ecosistema.
Y a todo esto, ¿cómo se rompió el hechizo de invisibilidad de esta magna obra clandestina? Pues no fue gracias a los sofisticados sistemas de vigilancia del estado, sino a una "denuncia popular". Así es, tuvo que ser un ciudadano común y corriente quien le avisara al gobierno que les estaban construyendo un complejo industrial pirata en sus propias narices.
Finalmente, el pasado 18 de marzo, el personal de la Profepa llegó al lugar para poner sus sellos de clausura total temporal y detener el desastre. Un aplauso de pie para nuestras autoridades estatales, a las que se les puede colar una construcción ilegal del tamaño de un estadio de fútbol sin que les parpadee un ojo. ¡A seguir durmiendo, que los ecosistemas se destruyen solos!
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