El canciller alemán, Friedrich Merz, ha decidido dejar la sutileza de lado para decir en voz alta lo que el resto del mundo ya ve con una mezcla de horror y gracia: Washington está siendo olímpicamente humillado por Irán. Y no es una exageración poética; según Merz, los líderes iraníes, y especialmente la Guardia Revolucionaria, están trapeando el piso con la supuesta hegemonía de la superpotencia.
La brillante y "muy meditada" estrategia estadounidense comenzó con una rimbombante ofensiva militar a gran escala junto a Israel el pasado 28 de febrero, lo que rápidamente escaló y provocó el cierre del estrecho de Ormuz, ahogando el comercio de petróleo. ¿El resultado? El mundo entero, y especialmente la golpeada economía alemana, llorando mares por el encarecimiento global de los energéticos. Pero lo verdaderamente hilarante no es la predecible entrada triunfal de EUA al conflicto, sino su absoluta falta de un plan estratégico para salir de él.
En una charla con estudiantes en Marsberg, Merz expuso el actual circo diplomático: resulta que los iraníes son claramente más fuertes de lo que la supuesta "inteligencia" estadounidense calculó. La táctica maestra de Teherán consiste en una negociación tan perversamente hábil que, en la práctica, se basa en no negociar en absoluto. Imagínate la patética escena: funcionarios estadounidenses viajan esperanzados hasta Islamabad (Pakistán) para intentar mendigar un acuerdo final, solo para que los iraníes los ignoren y tengan que irse de nuevo con las manos vacías. Un "ghosting" geopolítico en toda regla.
Mientras tanto, Europa observa la debacle haciendo gala de su habitual e inútil superioridad moral. Merz, en un alarde de valentía sin precedentes, ha ofrecido la ayuda de Alemania enviando dragaminas para reabrir el estrecho de Ormuz. Eso sí, con una pequeñísima e hilarante condición: que por favor dejen de dispararse primero, porque los alemanes no pueden entrar a limpiar minas si hay combates. ¡Toda una demostración de fiereza y resolución europea frente a una situación que el propio Merz califica tímidamente de "bastante complicada"!.
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