Parece que el Aeropuerto Internacional de Aguascalientes ha decidido cambiar de giro y apostar por el turismo de meditación, aprovechando el relajante silencio que dejan sus pasillos cada vez más vacíos. Y es que, en un logro digno de aplauso lento, el flujo de pasajeros se desplomó un 4.1% durante el primer trimestre de este glorioso 2026. ¿Para qué queremos el molesto ajetreo de los 225.5 mil viajeros del 2025, si podemos disfrutar de la paz y el silencio que nos brindan los escasos 216.2 mil valientes de este año? Menos estrés para las azafatas.
Pero la verdadera obra maestra de la comedia negra llega cuando recordamos las maravillosas y tan anunciadas conexiones aéreas que tanto cacarearon funcionarios y corifeos. ¡Vaya visión de primer mundo! Lástima que en las últimas horas se han visto en la penosa necesidad de cancelar sus flamantes vuelos con destino a Nuevo León y a Puerto Vallarta. ¿El trágico motivo? Un pequeño detallito sin importancia: a nadie le interesó comprar boletos. Al parecer, los ciudadanos prefieren quedarse en casa viendo la pintura secar antes que pagar por las rutas "estratégicas" anunciadas por nuestras autoridades.
Si desglosamos la autopsia de estos números, vemos que el mercado nacional cayó en picada con un doloroso 8.5%. Sin embargo, el segmento internacional nos regala un rayo de esperanza al crecer un 4.9%. La lectura es bastante clara: la única gente que está utilizando nuestro querido aeropuerto es porque, evidentemente, ocupa salir del país lo más rápido que puede.
Por si la humillación no fuera suficiente, en pleno marzo la caída mensual fue del 6.5%. Los aviones ahora vuelan con un deprimente factor de ocupación del 75.5%, cuando antes presumían un 81.5%. Además, la oferta de asientos se tuvo que reducir un 4.5%. Quizás el Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP) debería ir considerando rentar los espacios sobrantes en las aeronaves y en las salas de espera para bodas o fiestas infantiles. Al final del día, con tanto vuelo cancelado y aviones medio vacíos, al menos los pocos pasajeros que quedan tendrán espacio de sobra para estirar las piernas y admirar las ruinas de las promesas gubernamentales.
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