Omar García Harfuch ha dejado atrás la aburrida burocracia gubernamental para convertirse en el nuevo fetiche popular definitivo de la nación, siendo tiernamente rebautizado por las masas como el mismísimo "Batman".
Porque, claro, ¿Qué mejor manera de conciliar el sueño y combatir la ansiedad por la delincuencia que abrazando una almohada de cuerpo entero del jefe de policía? En los puestos callejeros ya abundan los productos piratas de este "héroe", donde puedes encontrar desde toallas y mantas, hasta gloriosos fotomontajes del funcionario en ropa interior y sin playera. Nada como secarse la espalda con el rostro del encargado de pacificar al país.
Este desquiciado fervor comercial ha encontrado a su público meta más devoto: las mujeres de entre 40 y 50 años, quienes lo ven literalmente como un superhéroe. En locales del Centro Histórico de la capital del País, ya se frotan las manos vendiendo la mercancía. Y es que las vendedoras dan en el clavo del éxito de la política de seguridad actual: "Aparte de que está guapo, ahora sí que se ha vuelto muy popular". Todo este furor hormonal y mercantil estalló, convenientemente, tras el operativo que acabó con alias "El Mencho" (líder del CJNG), catapultando la aprobación de Harfuch a un absurdo 84.4%.
Pero si acurrucarse con su cobija no es suficiente devoción para usted, el fanatismo ya llegó a las panaderías con la creación de las "Harfuchas": pan dulce con el rostro del flamante secretario. Así es, cómaselo en el desayuno mientras la delincuencia sigue su curso. Este nivel de idolatría no se veía desde el mismísimo López Obrador y ha convertido a Harfuch en el principal competidor en ventas de peluches y chucherías de la banda de k-pop surcoreana BTS. Que el encargado de la seguridad nacional compita en demanda de pósters con ídolos adolescentes asiáticos es la señal inequívoca de que ya lo están perfilando como el candidato absoluto del oficialismo para la presidencia en 2030.
Así que ya lo saben: no exijamos instituciones sólidas, inteligencia financiera ni reformas estructurales. Basta con que el líder sea "como nosotros" y "muy carismático" para que la sociedad lo siga a ciegas. Compre su cobija pirata de Harfuch, abríguese bien, y siga soñando con que Ciudad Gótica está bajo control.
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