En un acto de fe que desafía la mismísima realidad, la presidenta municipal de San Francisco de los Romo, Margarita Gallegos Soto, ha descubierto el método definitivo para erradicar el crimen: taparse los ojos, los oídos y afirmar que nada malo pasa en su feudo.
A pesar de que las autoridades acaban de arrestar a un proxeneta llamad Homero N y que operaba cómodamente redes de trata en todo el territorio de Aguascalientes, la administración municipal rechaza tener conocimiento de que exista algo así en su demarcación. Según la implacable lógica de investigación de la alcaldesa, no hay ninguna red de explotación sexual porque, cito textualmente, "generalmente las personas son muy comunicativas" y nadie le ha ido a contar el chisme. Al parecer, para Gallegos Soto, si las doñas de la colonia no le informan sobre el tráfico de personas entre el precio del tomate, las telenovelas y la portación de armas de uso exclusivo del ejército sin permiso, el delito pasa a ser una ilusión óptica.
¿Qué importa que ya se haya comprobado la existencia de una página web que ofertaba a las víctimas de esta misma red criminal con presencia en todos los municipios de Aguascalientes? Para esta visionaria alcaldesa, el internet debe ser un lugar donde solo existen gatitos y saludos de Piolín, pues insiste firmemente en que no se ha identificado el problema ni de forma presencial, ni de forma virtual. Si ella no tiene la página guardada en sus favoritos, es obvio que la red no existe.
Pero tranquilos todos, que ante el desmantelamiento en marzo de esta red, la cual, como pequeño e insignificante detalle de humor negro cósmico, incluía a mujeres menores de edad entre sus víctimas, el municipio ya sacó la artillería pesada. ¿Su gran estrategia de combate? Mandar a la Policía Cibernética a dar pláticas de prevención a las secundarias. Seguramente un PowerPoint sobre el ciberbullying y las extorsiones hará que los tratantes de personas colapsen de culpa moral y cierren sus negocios de inmediato.
Mientras tanto, Gallegos Soto se mantiene inquebrantable en su burbuja de paz, esperando pasivamente a que alguien le mande una queja formal para darse cuenta de lo que pasa en su propio patio, presumiendo que "hasta ahorita no tenemos ningún reporte". San Francisco de los Romo puede dormir tranquilo, amparado por una líder cuya máxima estrategia de seguridad pública se reduce a fingir demencia y rogar que los delincuentes no hagan demasiado ruido.
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