¡Qué maravilla la vida en la isla! En un esfuerzo sin precedentes por convertirse en los máximos pioneros del ecologismo extremo, Cuba ha decidido implementar apagones prolongados, paralizar por completo su economía y, como toque vanguardista, suspender hasta las operaciones en los hospitales. Todo esto, por supuesto, porque el régimen produce apenas el 40% del petróleo que consume, una estrategia de planificación a prueba de fallos.
Pero claro, la culpa no es de ellos, sino de la trágica interrupción de sus benefactores. Resulta que desde la captura del "narcodictador" venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la generosa tubería de combustible sudamericano se secó misteriosamente. Luego, México también decidió dejar en visto y con palomitas azules a La Habana tras su último envío el 9 de enero, todo gracias a la sutil y nada amenazante presión comercial de Washington. Ante este desastre donde ni la basura se recolecta regularmente, el dictador Miguel Díaz-Canel admitió la crisis, mientras el diario oficial Granma propone la energía solar como gran salvavidas. Porque, ¿quién necesita combustible para que aterricen los aviones comerciales cuando puedes poner paneles solares?.
Pero no teman, que la Madre Rusia jamás abandona a un camarada en la oscuridad. Dos buques petroleros se dirigen a la isla para salvar el día. Uno de ellos es el Sea Horse, un barco con bandera de Hong Kong al que le fascina jugar al despiste. Después de recibir una discreta transferencia de 190.000 barriles de diésel ruso frente a Chipre, su sistema de navegación sufrió una severa crisis de identidad: primero dijo que iba a La Habana, luego cambió de opinión hacia Gibraltar, y finalmente decidió que su verdadero destino era... ¡Boston!. Porque nada dice "libre comercio" como llevar diésel ruso sancionado al puerto de Massachusetts. Además, al Sea Horse le gusta apagar su rastreador AIS para disfrutar de la privacidad en alta mar, una maniobra que los aguafiestas expertos navieros insisten en llamar "prácticas de evasión". Para darle más emoción al asunto, viaja sin seguro occidental, por si acaso alguien quiere lidiar con un desastre ecológico sin cobertura financiera.
El segundo héroe de esta historia es el Anatoly Kolodkin, un buque ruso que ya colecciona tantas sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido que podría empapelar su puente de mando con ellas. Este gigante lleva 100.000 toneladas métricas de crudo ruso directamente hacia Matanzas, con la esperanza de llegar en abril.
Todo este teatro clandestino de altamar se debe a que la administración de Donald Trump no solo cortó el acceso al petróleo, sino que insinuó su intención de "tomar" Cuba o intervenir más allá de las sanciones. De hecho, Estados Unidos acaba de renovar por 30 días una exención para comercializar petróleo ruso, pero dejó una pequeña nota al pie aclarando que Cuba y Corea del Norte están estrictamente desinvitados de esa fiesta. Mientras tanto, desde el Kremlin se rasgan las vestiduras calificando la presión de "inaceptable", aunque su solución sea mandar barcos piratas en pleno siglo XXI.
Así que, a disfrutar del clima tropical a oscuras. Si hay suerte, el barco que se dirige a Boston se "pierde" en el Caribe y deja caer un poco de diésel en el camino.
