Si usted pensaba que las vacaciones ideales incluían playas, ruinas arqueológicas o museos, claramente está pasado de moda. La nueva y refinada tendencia de nuestro país es el "narcoturismo". ¿El destino estrella de la temporada? El cementerio privado Jardín Recinto de la Paz en Zapopan, Jalisco. Ahí yace Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", quien, tras una sacrificada vida dedicada a sembrar terror, metanfetaminas y cadáveres, ahora goza de un envidiable estatus de celebridad casi celestial.
Olvídese del luto sobrio o de la reflexión sobre la mortalidad; el sepulcro de este "prócer" de la violencia está exquisitamente decorado. Destaca una elegante carpa blanca que protege del sol a una exuberante colección de rosas rojas y blancas. Pero la joya del buen gusto es, sin duda, una corona floral en forma de gallo, acompañada de un enternecedor mensaje que dice: “Te amo bebé”. Porque, claro está, no hay nada que grite "romance puro" como un capo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que inundó al país de drogas sintéticas y sangre a raudales. ¡Qué ternura!
Y como la ironía mexicana es verdaderamente inagotable, el lugar se ha llenado de devotos que se acercan con gran "discreción" para dejar sus ofrendas, como si se tratara del mismísimo Vaticano. Los visitantes no pierden la oportunidad de adornar la tumba del asesino con veladoras, rosarios e imágenes de San Judas Tadeo. Seguramente, "El Mencho" —quien falleció abatido en un operativo militar en febrero de 2026— está usando todas sus influencias criminales desde el más allá para interceder por las causas difíciles de sus fieles seguidores. Resulta genuinamente conmovedor ver cómo parte de la sociedad decide canonizar extraoficialmente al hombre que lideró una de las organizaciones criminales más despiadadas del país.
Así que ya lo sabe, si tiene una tarde libre, prepare su cámara para ser parte del constante flujo de curiosos que hacen fila para fotografiar los pétalos esparcidos alrededor de la lápida. Mientras algunos especialistas "aburridos" pierden su tiempo debatiendo sobre cómo la narcocultura y las series de televisión romantizan la violencia, una parte de la población prefiere rendirle culto y pleitesía a un narcotraficante.
Al final del día, ¿Qué importan los miles de muertos, el tráfico de heroína o la violencia desatada desde que fundó el cártel en 2011, cuando a cambio podemos tener una tumba tan pintoresca y popular para subir a nuestras redes sociales?
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