Nicolás Maduro, el otrora todopoderoso líder chavista, y su amada esposa, Cilia Flores, han vuelto a pasear su innegable glamour por el tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York. Eso sí, esta vez han cambiado los trajes a medida por la última tendencia de la alta costura penitenciaria: el siempre favorecedor uniforme carcelario de color. Tras ser desalojados del poder por una sutil "intervención militar" de Estados Unidos el pasado 3 de enero, la parejita feliz ahora ruega a la justicia imperialista que les permita usar la chequera del Estado venezolano para pagar a sus carísimos abogados.
El maestro de ceremonias de este circo judicial no es otro que el juez Alvin Hellerstein, un jovenzuelo de apenas 92 años que se negó a desestimar el caso mientras deleitaba a los presentes con una persistente tos y una voz a punto de caducar. Los cargos a los que se enfrentan son unas minucias sin mayor importancia: conspiración para cometer narcoterrorismo, importar cocaína, poseer ametralladoras y, cómo no, corrupción. Se prevé que el juicio tarde uno o dos años, momento en el cual su señoría tendrá 94 envidiables primaveras, asumiendo que no se quede dormido en plena audiencia como ya lo hizo el año pasado, según las malas lenguas de The New York Times.
Lo más hilarante de la jornada —una vista que debió durar 10 minutos pero se alargó casi una hora— fue ver a la defensa llorar miseria por sus honorarios. El Departamento del Tesoro (OFAC) les había dado una licencia para usar fondos del Gobierno venezolano el 9 de febrero, solo para arrepentirse y revocarla tres horas después, en lo que seguramente fue la broma burocrática del año. El fiscal Kyle Wirshba lo dejó clarito: si las sanciones se impusieron porque los acusados se dedicaron a saquear la riqueza de Venezuela, dejarles acceder a ese mismo botín para pagar a sus leguleyos "socavaría las sanciones".
Maduro, el hombre que administró las mayores reservas petroleras del mundo, afirma descaradamente que "no dispone de los fondos necesarios" de su propio bolsillo. ¡Pobrecito, no le alcanza para llegar a fin de mes! La fiscalía, en un alarde de compasión, sugirió que usen defensores de oficio, pero su abogado estrella, Barry Pollack —famoso por defender a Julian Assange—, puso el grito en el cielo argumentando que eso viola su derecho constitucional de la Sexta Enmienda. Al parecer, Pollack está dispuesto a abandonar el barco si no le pagan su "nada asequible" minuta, argumentando que hay alguien dispuesto a financiar la defensa.
Por otro lado, la narrativa familiar es pura comedia mágica. Según su hijo prófugo, el diputado Nicolás Maduro Guerra, papá no está en una prisión de máxima seguridad en Brooklyn, sino en un retiro fitness. En la red social X, afirmó que ahora tenemos a un presidente "delgado, atleta, que está haciendo ejercicio todos los días". El depuesto mandatario, que en enero se autodenominó "prisionero de guerra", efectivamente lució más delgado, pero terminó traicionado por sus propios nervios, moviéndose visiblemente sobre la mesa. Su hijo también aseguró que Cilia Flores está "firme y alerta". Una alerta tan firme que su abogado interrumpió la sesión para suplicar de urgencia que le hagan un electrocardiograma por misteriosos problemas de salud.
Para ponerle la cereza al pastel de este vodevil judicial, el fiscal Jay Clayton exigió que la parejita no comparta las pruebas del caso con sus ilustres coacusados prófugos: su hijo, el exministro Diosdado Cabello, Ramón Rodríguez Chacín y, por supuesto, el prestigioso "Niño Guerrero", líder del cártel criminal Tren de Aragua. Al parecer, el Departamento de Justicia teme el "riesgo real de violencia" y que este selecto club de lectura use la información para tomar represalias contra los testigos en Venezuela.
Mientras Donald Trump calentaba los ánimos anunciando "cargos adicionales" sin dar detalles, a las afueras del tribunal un manifestante paseaba un muñeco de Maduro enfundado en una braga naranja, compitiendo con unos cuantos despistados que aún exigían "Libertad para el presidente". Finalmente, el flamante atleta y su esposa del corazón frágil fueron devueltos a la prisión de máxima seguridad escoltados por helicópteros.
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