La famosa "aplanadora" de la Cuarta Transformación descubrió por las malas que, sin sus fieles rémoras, apenas llega a triciclo desbielado. Este miércoles, la madre de todas las reformas electorales de Claudia Sheinbaum se estrelló espectacularmente contra la pared de la realidad legislativa, logrando apenas 259 votos a favor frente a 234 en contra. Se quedaron a años luz de la envidiada mayoría calificada de 334 votos que necesitaban para manosear la Constitución a su antojo. Resulta que a Morena, con sus insuficientes 253 legisladores, no le daban las matemáticas y dependía trágicamente de los 81 votos de sus aliados de coalición, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM).
Pero oh, sorpresa, las fuerzas minoritarias que antes juraban lealtad ciega al proyecto decidieron que hoy no tenían ganas de ser el tapete del oficialismo y votaron en contra. La humillación fue tal que el PT, en voz de Reginaldo Sandoval, de repente se iluminó, se acordó de que existe la democracia y tuvo el descaro de decir que están en contra de que "se instale un partido único", como si les aterrara que Morena se coronara como el nuevo partido hegemónico. Por su parte, el Verde se quejó amargamente de que a Morena le dio flojera hacer política, "construir consensos" y ceder, demostrando que querer imponer caprichos a la fuerza sale bastante caro.
Pero la comedia de enredos de la 4T no termina ahí: la supuesta disciplina militar de Morena resultó ser un mal chiste, ya que tres de sus propias diputadas —Giselle Arellano, Alejandra Chedraui y Santy Montemayor— se amotinaron y votaron en contra del proyecto estrella de su jefa. Para ponerle más sal a la herida, los únicos que le tiraron un mísero salvavidas a este barco hundiéndose fueron 12 diputados despistados del Verde y uno del PT, quienes rompieron la línea de sus partidos para regalarle un inútil y melancólico "sí" a Sheinbaum.
Mientras la oposición conformada por el PAN, PRI y MC se regodeaba desde la tribuna gritando "¡no va a pasar!", tachando el proyecto de ser una "ley Maduro" con tufo a "narcopolítica" y "autoritarismo", el coordinador morenista Ricardo Monreal deambulaba tristemente por las curules panistas y priistas, en una imagen que destilaba pura desesperación ante la falta de acuerdos. Al final, como buen perdedor que no sabe aceptar la derrota, Monreal corrió a anunciar el premio de consolación: un "plan B" de leyes secundarias, recetado antes de que siquiera se enfriara el cadáver de su reforma constitucional.
Y la presidenta Sheinbaum, aplicando la insuperable excusa del estudiante que reprueba el examen pero jura que "al menos participó", se limitó a declarar que se siente "muy satisfecha" y que ella ya cumplió con mandar la iniciativa, lavándose las manos de su primer y monumental descalabro legislativo.
