En un acto de absoluto heroísmo y sacrificio paternal, el flamante diputado con licencia, Sergio Mayer, tuvo que abandonar su curul para encerrarse en La Casa de los Famosos. ¿El motivo? Una desgarradora tragedia financiera: el pobre ex Garibaldi no puede mantener su modesto estilo de vida con los 74 mil pesos mensuales libres de impuestos que le pagamos todos los mexicanos. En sus propias palabras, necesitaba el sueldito de Telemundo para poder “pagar la escuela de sus hijas”. Claramente, el sistema le falló a nuestro mártir del espectáculo.
Ahora, Mayer se queja amargamente de que lo han agarrado de “piñata” y de “caja china”. Y tiene razón, ¿cómo se atreven a criticarlo solo porque dejó tirada la chamba legislativa para irse a un reality show? Total, para eso dejó a su suplente, Luis Morales Flores, calentando la silla desde el 24 de febrero. Según él, no hubo abandono de funciones, solo una pequeña pausa comercial en su carrera política, por lo que considera que la furia en su contra es meramente “mediática” y violatoria de su presunción de inocencia.
Pero aquí es donde entra la verdadera comedia de humor negro: la indignación de Morena. Las altas esferas del partido oficialista, incluyendo a la presidenta Claudia Sheinbaum y a la dirigente nacional Luisa María Alcalde, están "molestas" y ya le abrieron un juicio en la temible Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ), suspendiéndole sus derechos partidistas hasta abril.
¡Qué incongruencia tan espectacular! El partido que lo impulsó, lo cobijó y lo puso en la boleta sabiendo perfectamente que su mayor logro histórico era bailar con el pecho al descubierto, ahora se da golpes de pecho porque el actor... actúa como actor. Y lo más cínico del asunto es la vara con la que miden la "honestidad": crucifican a Mayer por irse a un programa de chismes, pero la misma comisión guarda un silencio sepulcral ante señalamientos y acusaciones muchísimo más severas contra otros de sus militantes, como el mismísimo Adán Augusto López o Cuauhtémoc Blanco. Al parecer, en la Cuarta Transformación se perdona todo, menos salir en Telemundo.
Para coronar el circo, Ricardo Monreal, el coordinador de la bancada a quien Mayer le avisó de su fuga con dos semanas de anticipación, tuvo una epifanía nivel Premio Nobel. De pronto, Monreal descubrió el hilo negro y sugirió que, para 2027, Morena "se esforzará más para revisar los perfiles de aspirantes" porque México merece representantes "más aptos y más capaces". ¡Vaya descubrimiento, Ricardo! Tuvieron que ver a su diputado haciendo el ridículo en televisión internacional para darse cuenta de que reclutar celebridades de los años 90 tal vez no era la cumbre de la estrategia legislativa.
Al final, Sergio Mayer amenaza con respetar la resolución del partido, aunque por ahora no contempla cambiar de bandera. Y por qué lo haría, si en ningún otro lado encontraría un escenario con guiones tan malos y personajes tan incongruentes como en la política mexicana.
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