Pobres magnates de la hospitalidad capitalina. Llevaban más de dos años frotándose las manos, babeando ante la perspectiva de exprimirle has...
Pobres magnates de la hospitalidad capitalina. Llevaban más de dos años frotándose las manos, babeando ante la perspectiva de exprimirle hasta el último dólar a los trajeados de la FIFA para el Mundial 2026, bloqueando celosamente sus lujosos inventarios de 4 y 5 estrellas con una devoción casi religiosa. Pero, ¡oh sorpresa!, el siempre "benevolente" organismo del futbol mundial decidió darles una bofetada de realidad cancelando el 40% de las reservaciones que tenían en exclusividad.
Aparentemente, a los genios de las cámaras hoteleras los tomó "por sorpresa" descubrir que la FIFA los iba a usar y desechar a su antojo. Resulta que firmaron contratos donde la FIFA, en un acto de suprema astucia, activó una cláusula de liberación que le permite devolver las habitaciones sin pagar un solo peso de penalización económica. ¡Un aplauso de pie para los lumbreras de la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México! por esa magistral negociación que los dejó viendo estrellitas (y no precisamente las de sus hoteles)
¿La excusa oficial para este abandono masivo?
Aparentemente, a los genios de las cámaras hoteleras los tomó "por sorpresa" descubrir que la FIFA los iba a usar y desechar a su antojo. Resulta que firmaron contratos donde la FIFA, en un acto de suprema astucia, activó una cláusula de liberación que le permite devolver las habitaciones sin pagar un solo peso de penalización económica. ¡Un aplauso de pie para los lumbreras de la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México! por esa magistral negociación que los dejó viendo estrellitas (y no precisamente las de sus hoteles)
¿La excusa oficial para este abandono masivo?
Primero, una súbita "optimización operativa": la FIFA descubrió que sus proyecciones de 2024 estaban infladas y que en realidad no necesitan traer a todo su séquito de patrocinadores, personal técnico y burócratas de lujo a pasear a la capital.
Segundo, nos iluminan con el patético hallazgo del "turismo de entrada y salida". En un brutal desprecio a la oferta turística local, resulta que los aficionados prefieren volar, sobrevivir a las horas del partido en la CDMX y huir despavoridos ese mismo día para poder dormir en la sagrada "comodidad" de Estados Unidos o Canadá. ¿Para qué pernoctar en la ciudad cuando puedes usarla como un simple estadio de paso internacional?
Y por si la humillación de ser tratados como una parada de autobús no fuera suficiente, las plataformas de alojamiento alternativo terminaron de darles la estocada final. Así es, los turistas que sí deciden quedarse prefieren pagar un ojo de la cara por un departamento gentrificado en lugar de pisar los recintos convencionales con los que la FIFA tenía convenios.
Ahora, sumidos en la incertidumbre y el pánico financiero, los hoteleros tienen miles de habitaciones vacías que acaban de vomitar de regreso a sus sistemas de reserva directa. En un acto de desesperación absoluta, se han puesto de rodillas a coordinar con la Secretaría de Turismo local para armar patéticas "campañas de promoción relámpago". ¿El objetivo? Rogarle a los simples mortales —esos aficionados comunes a los que antes les habían cerrado la puerta en la cara por el elitista "bloqueo FIFA"— que por favor vengan a salvarles el pellejo alquilando a "precios de mercado de último minuto".
Y por si la humillación de ser tratados como una parada de autobús no fuera suficiente, las plataformas de alojamiento alternativo terminaron de darles la estocada final. Así es, los turistas que sí deciden quedarse prefieren pagar un ojo de la cara por un departamento gentrificado en lugar de pisar los recintos convencionales con los que la FIFA tenía convenios.
Ahora, sumidos en la incertidumbre y el pánico financiero, los hoteleros tienen miles de habitaciones vacías que acaban de vomitar de regreso a sus sistemas de reserva directa. En un acto de desesperación absoluta, se han puesto de rodillas a coordinar con la Secretaría de Turismo local para armar patéticas "campañas de promoción relámpago". ¿El objetivo? Rogarle a los simples mortales —esos aficionados comunes a los que antes les habían cerrado la puerta en la cara por el elitista "bloqueo FIFA"— que por favor vengan a salvarles el pellejo alquilando a "precios de mercado de último minuto".
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