Bienvenidos al mágico y deslumbrante mundo de la Asociación Nacional de Alcaldes (ANAC), esa selecta organización civil donde presidentes mu...
Bienvenidos al mágico y deslumbrante mundo de la Asociación Nacional de Alcaldes (ANAC), esa selecta organización civil donde presidentes municipales, regidores y síndicos —curiosamente, todos militantes o vinculados al Partido Acción Nacional (PAN)— se reúnen para intercambiar palmaditas en la espalda y sus supuestas "buenas prácticas". Bajo la atenta mirada de su actual presidente, el alcalde Mauricio Tabe, la ANAC jura que su misión divina es esparcir por el país algo que ellos llaman "Gobernanza Humanista". Suena a poesía, ¿verdad? Casi te hace olvidar que el alumbrado público de tu calle lleva tres meses sin funcionar o el agua llega por tandeo cada día.
En su infinita necesidad de validación, la ANAC lleva ya 11 años jugando a los premios "Óscar" de la burocracia, organizando sus propios galardones para premiar gestiones supuestamente destacadas en temas de seguridad y transparencia. El discurso oficial dice que estos premios son vitales para "incentivar la gestión de proyectos innovadores y eficientes en beneficio de la ciudadanía". El premio físico, por si estaban con el pendiente, incluye una presea y una "constancia con holograma único" (¡cuidado, que no escatiman en tecnología punta!) junto con difusión a nivel nacional para alimentar los egos adecuados.
Pero aquí viene la verdadera genialidad, el pináculo de la farsa. Para decidir quién merece estas medallas al mérito, arman un comité evaluador que mezcla académicos del CIDE, la UNAM y el IPN, con... ¡oh, sorpresa!... la mismísima Secretaría de Formación y Capacitación del PAN y la Fundación Rafael Preciado. El pequeño, insignificante y minúsculo detalle de este "riguroso" proceso es que a nadie, en ningún momento, se le ocurre preguntarle a los ciudadanos de a pie cómo se sienten y si sus alcaldes lo han hecho bien, regular o pésimo. ¡Faltaba más! ¿Para qué arruinar un hermoso y colorido PowerPoint lleno de promesas con la cruda, fea y bacheada realidad de las calles?.
¿Y quiénes fueron los afortunados ganadores del galardón “Francisco Villarreal” en esta encarnizada y para nada arreglada competencia? ¡Pues los alcaldes panistas Leonardo Montañez de Aguascalientes, César Medina de Jesús María y Lucero Espinoza de Pabellón de Arteaga!. ¡Qué giro de trama tan inesperado! Es verdaderamente conmovedor ver cómo se organizan una fiesta para entregarse premios entre ellos mismos y sus amigos.
Al final del día, recibir un reconocimiento siempre alimenta el alma del político promedio, pero cuando el galardón te lo da tu compañero de partido por presentar un PowerPoint muy bien diseñado que en la vida real nadie nota si funciona, la escena deja bastante que desear. Seguramente el mundo está lleno de estos patéticos certámenes de autocomplacencia entre compadres y comadres; habrá que seguir investigando si hay más premios de este tipo ($eguro que sí), mientras el ciudadano de a pie espera que, con un poco de suerte, el holograma único del diploma sirva para tapar algún bache.
En su infinita necesidad de validación, la ANAC lleva ya 11 años jugando a los premios "Óscar" de la burocracia, organizando sus propios galardones para premiar gestiones supuestamente destacadas en temas de seguridad y transparencia. El discurso oficial dice que estos premios son vitales para "incentivar la gestión de proyectos innovadores y eficientes en beneficio de la ciudadanía". El premio físico, por si estaban con el pendiente, incluye una presea y una "constancia con holograma único" (¡cuidado, que no escatiman en tecnología punta!) junto con difusión a nivel nacional para alimentar los egos adecuados.
Pero aquí viene la verdadera genialidad, el pináculo de la farsa. Para decidir quién merece estas medallas al mérito, arman un comité evaluador que mezcla académicos del CIDE, la UNAM y el IPN, con... ¡oh, sorpresa!... la mismísima Secretaría de Formación y Capacitación del PAN y la Fundación Rafael Preciado. El pequeño, insignificante y minúsculo detalle de este "riguroso" proceso es que a nadie, en ningún momento, se le ocurre preguntarle a los ciudadanos de a pie cómo se sienten y si sus alcaldes lo han hecho bien, regular o pésimo. ¡Faltaba más! ¿Para qué arruinar un hermoso y colorido PowerPoint lleno de promesas con la cruda, fea y bacheada realidad de las calles?.
¿Y quiénes fueron los afortunados ganadores del galardón “Francisco Villarreal” en esta encarnizada y para nada arreglada competencia? ¡Pues los alcaldes panistas Leonardo Montañez de Aguascalientes, César Medina de Jesús María y Lucero Espinoza de Pabellón de Arteaga!. ¡Qué giro de trama tan inesperado! Es verdaderamente conmovedor ver cómo se organizan una fiesta para entregarse premios entre ellos mismos y sus amigos.
Al final del día, recibir un reconocimiento siempre alimenta el alma del político promedio, pero cuando el galardón te lo da tu compañero de partido por presentar un PowerPoint muy bien diseñado que en la vida real nadie nota si funciona, la escena deja bastante que desear. Seguramente el mundo está lleno de estos patéticos certámenes de autocomplacencia entre compadres y comadres; habrá que seguir investigando si hay más premios de este tipo ($eguro que sí), mientras el ciudadano de a pie espera que, con un poco de suerte, el holograma único del diploma sirva para tapar algún bache.
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