A 32 años de aquel fatídico 23 de marzo de 1994, uno pensaría, apelando al más básico sentido de la decencia, que ya es hora de dejar descansar en paz la memoria de Luis Donaldo Colosio. Pero no. En la era donde la tragedia nacional se monetiza por suscripción mensual, los ejecutivos del streaming han decidido que el caso más manoseado de México aún tiene jugo, y por eso HBO Max nos receta su flamante serie documental Los asesinos de Colosio.
Porque claro, lo que el país verdaderamente necesitaba era empacar un magnicidio con estética de true crime para poder maratonearlo un domingo comiendo palomitas. La producción se jacta de tener acceso a expedientes reservados y promete cuestionar si Mario Aburto actuó solo. ¡Vaya atrevimiento! Como si el fantasma del "segundo tirador" no llevara más de tres décadas siendo la teoría conspirativa de cajón en cualquier sobremesa mexicana.
Para añadirle un toque maestro de comedia negra a este circo mediático, la serie nos deleita con el testimonio estelar de nada menos que Carlos Salinas de Gortari y a esta pasarela se suman familiares, periodistas y exmilitares, en un esfuerzo por reciclar el morbo de una investigación que, desde 2022, tuvo que admitir sus propias fallas institucionales.
Lo más irónico de esta diatriba audiovisual es su cobardía intelectual. La serie opta por estructurarse como un thriller de suspenso, huyendo despavorida de cualquier análisis ideológico o político profundo sobre la podredumbre del PRI de los años 90. En lugar de hurgar en la verdadera herida, la producción se cuelga convenientemente de la detención en noviembre de 2025 del exagente del CISEN, Jorge Antonio Sánchez Ortega, usándola como excusa perfecta para justificar su rodaje y vendernos la ilusión de que "el caso no se cierra".
Al final, Los asesinos de Colosio no resuelve absolutamente nada; solo capitaliza la persistencia de nuestras zonas oscuras como país y empaqueta la fractura de la memoria nacional para las masas. A 32 años de su muerte, ya va siendo hora de que las productoras dejen de exhumar a Colosio cada vez que necesitan engordar su catálogo con la desgracia mexicana. Déjenlo descansar de una vez; el verdadero crimen hoy es seguir lucrando con su fantasma.
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