Apenas duró un suspiro la heroica y muy "digna" rebelión de las rémoras... perdón, de los inquebrantables "aliados legislativos". Tras cuatro agónicos días de lo que la clase política pomposamente llama "negociaciones" en las oscuras oficinas de la Secretaría de Gobernación, Morena, el PT y el PVEM salieron tomaditos de la mano, con la sonrisa ensayada, para anunciar que siempre sí respaldarán el Plan B de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Lo dijimos hace unos días en esta redacción, era tiempo para que la genuflexión y con el apretón del cogote cedieran tanto el Verde como el PT. Qué poco les duró su independencia o qué muertos o trapitos sucios tenían guardados en el clóset.
La coreografía de la hipocresía es verdaderamente de antología. Resulta que en la primera votación en la Cámara de Diputados, los autoproclamados paladines de la pluralidad del Verde y el PT le hicieron el feo a la iniciativa original de Morena porque, ¡oh, tragedia!, contemplaba eliminar sus sagradas diputaciones plurinominales y reducirles los escaños en el Senado. ¡Con la quincena no se juega!
Pero bastó una paseadita por Gobernación para que encontraran la fórmula mágica del sacrificio ajeno. El brillante "Plan B" con el que cerraron filas consiste en apretarle el cinturón a todos... menos a ellos. Acordaron reducir y topar los presupuestos de los Congresos locales, limitarles los salarios a los legisladores estatales y pasarle la tijera a las regidurías de los ayuntamientos del país. ¡Qué enorme valentía la de salvar sus millonarios pellejos federales mandando al matadero presupuestal a los políticos de provincia! Y de paso, claro, meter con calzador la revocación de mandato para 2027, porque a este circo nunca le pueden faltar carpas.
El festival de declaraciones cínicas para justificar la reculada es una obra maestra del sarcasmo involuntario. Luisa María Alcalde salió a decir que esto representa "un momento histórico para la democracia", jurando que el sistema electoral ya no protegerá privilegios. Por su parte, la dirigente nacional del PVEM, Karen Castrejón, súbitamente iluminada por el espíritu de la austeridad franciscana, justificó su sumisión diciendo que buscan "un Estado más eficiente y menos oneroso". ¡El Partido Verde preocupado por lo oneroso! La ironía acaba de solicitar asilo político.
Faltaba el patriarca del PT, Alberto Anaya, quien sin asomo de rubor afirmó que esta guillotina selectiva mantiene los "principios de pluralidad", manifestando su "total respaldo" a Sheinbaum con la docilidad de quien sabe quién firma los cheques.
Para coronar el sainete, Ricardo Monreal se deshizo en aplausos celebrando su propio "acierto político", presumiendo que el "diálogo" permitió reconstruir la coalición y encontró "voluntad". Claro, si por "diálogo" y "voluntad" entendemos el inconfundible sonido de las rodillas golpeando el piso tras un buen calambre desde Palacio Nacional, entonces sí, el diálogo fue un éxito rotundo.
Este marte o miércoles esta maravilla de la genuflexión será enviada al Congreso. Preparen sus estómagos, porque la farsa legislativa para devorar este dulce envenenado apenas comienza.
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