Después de unas conmovedoras "semanas de silencio", el coordinador de los diputados del Partido del Trabajo (PT), Reginaldo Sandov...
Después de unas conmovedoras "semanas de silencio", el coordinador de los diputados del Partido del Trabajo (PT), Reginaldo Sandoval, ha salido de su letargo para regalarnos la mejor comedia del año: afirma que "no hay marcha atrás" y que rechazarán tajantemente la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. ¡Milagro, el PT descubrió que tiene voluntad propia! Según el guion de Sandoval, esta rabieta legislativa no se trata de proteger sus adorados listados de plurinominales, sino que es un sacrificio heroico para evitar el "retroceso de la democracia".
En un arrebato de lucidez que raya en la ironía pura viniendo de un partido históricamente satélite, el legislador michoacano se rasgó las vestiduras advirtiendo que "no queremos correr el riesgo de volver a un partido de Estado". ¡Qué tragedia tan shakesperiana! Al parecer, las tradicionales charlas conciliadoras con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, no surtieron el efecto de sumisión habitual. Sandoval insiste, con una cara dura admirable, que aquí no estamos hablando de "pesos y centavos" ni del financiamiento público, sino de defender la pureza inmaculada del sistema político mexicano.
Para que a nadie le quede duda de su repentina valentía y de que no están jugando, Sandoval aclaró que ellos son "de a deveras, no de mentiritas", utilizando una retórica de altura digna de patio de preescolar. Y claro, como en el PT la obediencia es virtud, presume que existe "unidad" absoluta y que los "49 de los 49" diputados votarán en contra. Haciendo gala de sus habilidades en aritmética básica, chantajeó sutilmente recordando que, sin sus votos, simplemente "no hay forma" de que la reforma pase. Extorsión legislativa nivel experto, maquillada de convicción democrática.
Pero si usted creía que el nivel de cinismo había llegado a su tope, en el Senado la vicecoordinadora petista Geovanna Bañuelos sacó el violín más pequeño del mundo. Con lágrimas en los ojos (imaginarias, por supuesto), proclamó al PT como el partido "más humilde que hay en este país". Tan franciscanos son, que les "enorgullece" no usar financiamiento privado, y aseguran que no tendrían ningún reparo en que les recorten un 25 por ciento de su presupuesto. Según la senadora, la épica batalla que están librando no es por unos miserables "centavos" del erario, sino por el "sistema democrático" de nuestra nación.
Eso sí, prometen que no se van a echar para atrás y que nunca lo harán, pero siempre cuidando de no pisarle la cola al león. Cuando se insinuó si la presidenta Sheinbaum les quería cargar el costo político de la rebelión, Bañuelos rápidamente se hincó en reverencia, negando tal atrocidad y deshaciéndose en halagos al calificar a la mandataria como "una mujerona". En resumen: el partido "más humilde" muerde la mano de la Cuarta Transformación en nombre de la democracia, pero le hace cariñitos por debajo de la mesa, no vaya a ser que la jefa se enoje en serio.
En un arrebato de lucidez que raya en la ironía pura viniendo de un partido históricamente satélite, el legislador michoacano se rasgó las vestiduras advirtiendo que "no queremos correr el riesgo de volver a un partido de Estado". ¡Qué tragedia tan shakesperiana! Al parecer, las tradicionales charlas conciliadoras con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, no surtieron el efecto de sumisión habitual. Sandoval insiste, con una cara dura admirable, que aquí no estamos hablando de "pesos y centavos" ni del financiamiento público, sino de defender la pureza inmaculada del sistema político mexicano.
Para que a nadie le quede duda de su repentina valentía y de que no están jugando, Sandoval aclaró que ellos son "de a deveras, no de mentiritas", utilizando una retórica de altura digna de patio de preescolar. Y claro, como en el PT la obediencia es virtud, presume que existe "unidad" absoluta y que los "49 de los 49" diputados votarán en contra. Haciendo gala de sus habilidades en aritmética básica, chantajeó sutilmente recordando que, sin sus votos, simplemente "no hay forma" de que la reforma pase. Extorsión legislativa nivel experto, maquillada de convicción democrática.
Pero si usted creía que el nivel de cinismo había llegado a su tope, en el Senado la vicecoordinadora petista Geovanna Bañuelos sacó el violín más pequeño del mundo. Con lágrimas en los ojos (imaginarias, por supuesto), proclamó al PT como el partido "más humilde que hay en este país". Tan franciscanos son, que les "enorgullece" no usar financiamiento privado, y aseguran que no tendrían ningún reparo en que les recorten un 25 por ciento de su presupuesto. Según la senadora, la épica batalla que están librando no es por unos miserables "centavos" del erario, sino por el "sistema democrático" de nuestra nación.
Eso sí, prometen que no se van a echar para atrás y que nunca lo harán, pero siempre cuidando de no pisarle la cola al león. Cuando se insinuó si la presidenta Sheinbaum les quería cargar el costo político de la rebelión, Bañuelos rápidamente se hincó en reverencia, negando tal atrocidad y deshaciéndose en halagos al calificar a la mandataria como "una mujerona". En resumen: el partido "más humilde" muerde la mano de la Cuarta Transformación en nombre de la democracia, pero le hace cariñitos por debajo de la mesa, no vaya a ser que la jefa se enoje en serio.
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