Resulta que para vacacionar no es estrictamente obligatorio terminar con arena hasta en los lugares más recónditos de tu anatomía ni pagar precios inflados por un coco. En un ataque de brillantez y sentido común que ya le hacía falta a este país, los representantes de las asociaciones hoteleras de Guanajuato, Aguascalientes, Michoacán y San Luis Potosí se han dignado a firmar un convenio para formalizar la Alianza Turística del Bajío (ALITUR). ¡Un aplauso! Por fin alguien busca promover de manera conjunta y coordinada los destinos de esta región que, al parecer, a muchos se les olvida que existe en el mapa.
Seamos brutalmente honestos: el turista promedio tiene una obsesión casi patológica con irse a amontonar a las playas o a las grandes ciudades. Es una verdadera desgracia, y hasta un insulto, que lugares tan ricos en cultura y gastronomía sean ignorados por los propios habitantes, quienes prefieren endeudarse a 48 meses para ir a quemarse al sol. El mismísimo Jesús Almazán Amaya, vicepresidente de la Asociación en la Región Centro de San Luis Potosí, tuvo que salir a masticarle la realidad a las masas ignorantes: “Queremos que los mexicanos sepan que no todo son destinos de playa o los lugares más conocidos”. ¡Bravo! Ya era hora de restregarnos en la cara que hay sitios bellos e interesantes que la gente ni siquiera conoce en sus propios estados. La idea es integrar las maravillosas fortalezas de los cuatro estados, desde su diversidad de atractivos hasta su comida, para hacer una propuesta regional que sí valga la pena y sea competitiva.
Pero, ¿Cómo vamos a llegar a estos paraísos terrenales? ¿En un cómodo vuelo directo de 30 minutos? ¡Por favor, no me hagan reír! En un despliegue de honestidad brutal, Graciela Patiño, presidenta de la Asociación de Hoteles y Moteles de Michoacán, admitió que el gran objetivo es impulsar el "turismo carretero" por la simple y llana razón de que no hay conectividad aérea directa entre estos estados.
¡Bienvenidos al turismo de asfalto! Pero no se quejen, Rubén Morelos, de Guanajuato, nos recuerda atinadamente que estos destinos están a una ridícula distancia de dos o tres horas de manejo. Así que agarren el volante y aprovechen esa cercanía. Esta alianza milagrosa planea organizar caravanas turísticas y rutas integrales para que, ya que están trepados en el auto, recorran varios lugares de la misma región sin excusas. (Claro, siempre y cuando la seguridad carretera lo permita)
Y para rematar esta loable hazaña, Roberto Ramírez de Aguascalientes nos ilumina diciendo que hoy el bendito turista busca "experiencias memorables" y no solo un colchón donde caer en coma. Por eso, el sector hotelero no solo va a capacitarse para mejorar la calidad de sus servicios y no dejarse comer el mandado por las nuevas opciones de hospedaje, sino que nos van a deleitar con muestras gastronómicas para presumir la envidiable diversidad culinaria del Bajío.
Al final del día, y dejando el sarcasmo a un lado por tres segundos, esta alianza es una noticia positiva. La sinergia y cooperación entre estos actores turísticos privados es el empujón para el crecimiento económico y turístico que el Bajío, con todo su desarrollo industrial, puede aprovechar a la perfección. Así que dejen de lloriquear porque no les alcanzó para ir a Cancún, llenen el tanque de gasolina y váyanse a redescubrir el centro del país.
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