Apenas pasaron menos de 24 horas desde que el flamante Plan B de reforma electoral impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum aterrizó en el Senado de la República, y ya necesitó un rescate de emergencia para corregir un "pequeñísimo" detalle. Al parecer, a los eruditos asesores del gobierno se les chispoteó algo sin importancia: la paridad de género constitucional. ¡Un simple desliz administrativo que accidentalmente mutila décadas de lucha por los derechos de las mujeres!
El error maestro, alojado cómodamente en la reforma al artículo 115 constitucional, consistió en borrar mágicamente la frase "de conformidad con el principio de paridad" para la integración de los Ayuntamientos. A cambio, el texto reformado nos ofreció una precisión vital: los municipios tendrían "una sindicatura y de siete hasta quince regidurías". Porque, claro, tener exactitud en la cantidad de burócratas que cobrarán del erario es muchísimo más relevante que garantizar que la mitad de esos puestos sean para mujeres.
Afortunadamente, la Secretaría de Gobernación y la Consejería Jurídica corrieron a mandar un oficio a la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, para avisar de esta inofensiva "omisión". Con una impecable cara de póker, aseguraron que la igualdad sustantiva y la paridad son "parte de las grandes luchas" de la presidenta y su movimiento. Tan importante es esa lucha, que por pura casualidad se les olvidó incluirla en su documento principal.
Pero la verdadera pregunta es: ¿quién fue el genio misógino detrás de este atropello? Según la legisladora panista Kenia López Rabadán, la culpa no es de la falta de revisión o de la prisa gubernamental, sino de la fauna criptozoológica: todo fue obra de un "duende machista". Sí, un ser sobrenatural al que López Rabadán diagnosticó con una severa "falta de visión técnica, jurídica e inteligencia emocional", que se coló en las oficinas para cercenar los derechos femeninos aprobados por unanimidad en 2019.
Resulta verdaderamente poético y oscuro que, en la misma época histórica donde las mujeres lideran la Cámara de Diputados, el Senado, gubernaturas y hasta la Presidencia de la República, un simple y mágico duende machista esté a punto de destruir la representación femenina en un "mal documento". Parece que la próxima gran reforma del gobierno no debería ser electoral, sino contratar servicios de fumigación para exterminar a los duendes misóginos que editan sus archivos por las noches.
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