¡Aplausos de pie para la Secretaría de Seguridad Pública estatal de Veracruz! Su nivel de eficiencia ha alcanzado cotas tan vanguardistas que ya ni siquiera necesitan revisar los vehículos que incautan.
En un acto de magia burocrática digno del mejor escapista, nuestras flamantes autoridades lograron asegurar un tráiler en el municipio de Emiliano Zapata tras un "presunto reporte de robo". Con la misión cumplida, remolcaron el coloso de metal y lo estacionaron plácidamente en un depósito vehicular en Xalapa, omitiendo el pequeñísimo, casi insignificante detalle de que en la caja venían 229 seres humanos hacinados, entre ellos 17 menores de edad.
¿Cómo es posible que a los elementos policiales se les pase por alto el bulto equivalente a más de doscientas almas respirando y sufriendo en un espacio cerrado? Fácil: en México la justicia es ciega, sorda y padece de anosmia severa. Tuvieron que ser los trabajadores del corralón quienes, al escuchar los desesperados gritos de auxilio provenientes de la caja del tráiler, hicieron el hallazgo.
Para ponerle la cereza de cinismo a este pastel de incompetencia, el subsecretario de Gobierno de Veracruz, José Manuel Pozos, salió a dar declaraciones a los medios y precisar las cifras con la frialdad de quien hace inventario en una bodega. El funcionario nos tranquilizó explicando que, aunque venían de Centroamérica y presentaban deshidratación, "en general todos estaban bien". ¡Faltaba más, señor subsecretario! Sobrevivir a un horno móvil, por el cual los migrantes le pagan miles de dólares a los traficantes para viajar en una de las formas más peligrosas posibles, y luego ser abandonados en un corralón estatal es, al parecer, una anécdota menor sin importancia. El conductor, por cierto, fue detenido, imaginamos que por el robo, no porque a la policía le importara el cargamento humano que ignoraron olímpicamente.
Veracruz sigue consolidándose como ese "punto estratégico" en la ruta hacia Estados Unidos donde los migrantes son servidos en bandeja de plata a las mafias del secuestro, la extorsión y la delincuencia organizada.
Viajar apilados sigue siendo la trágica ruleta rusa de quienes buscan una vida mejor.
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