Mientras la inseguridad nos devora vivos y el sistema de salud colapsa a niveles nunca vistos, nuestras brillantes autoridades dieron con la panacea universal: traer a Shakira al Zócalo como un nada disimulado distractor político. Porque, ¿a quién le importa la falta de medicinas cuando puedes escuchar a "la loba" aullando sus despechos en vivo? Nada es gratis en política, mis estimados, y el "pan y circo" nunca había estado tan bien coreografiado.
El gobierno de la CDMX se apresuró a colgarse la medalla anunciando que 400 mil personas se amontonaron este domingo 1 de marzo, rompiendo por 100 mil asistentes el récord previo de conciertos gratuitos. Así es, Shakira aplastó los patéticos números de Los Fabulosos Cadillacs (300 mil) y Grupo Firme (280 mil), demostrando que nuestro poder de convocatoria para el mitote y la evasión de la realidad es inquebrantable. Y claro, la artista cantó desde sus baladas noventeras hasta sus éxitos actuales, porque no hay nada que una a América Latina como el dolor ajeno monetizado.
Pero la verdadera joya de la corona, el clímax del humor negro gubernamental, fue el milagro médico del evento: ¡un concierto masivo mezclado con una jornada intensiva de vacunación contra el sarampión!. Sí, leíste bien. Ante la alarmante tendencia al alza de esta enfermedad en distintas regiones, ¿Qué mejor idea que aglomerar a casi medio millón de cuerpos sudorosos respirándose literalmente en la nuca?. "Venga por el 'Waka Waka', llévese una cepa del virus o, con suerte, una jeringa", debió ser el eslogan oficial de la campaña de contención de la Secretaría de Salud.
Para intentar frenar la potencial catástrofe epidemiológica en medio del hacinamiento, instalaron estratégicamente sus brigadas de vacunación en los accesos de los metros Bellas Artes y Pino Suárez. Y para asegurarse de picar a cuanto incauto se dejara antes o después de la histeria colectiva, los módulos operaron en una jornada maratónica desde las 9:00 de la mañana hasta las 12:00 de la madrugada.
Al menos los asistentes regresaron a casa con su parchecito de inmunidad, listísimos para aplaudirle al siguiente distractor del gobierno. ¡Larga vida a la demagogia pop!
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