¿Pensabas que llenar el tanque de tu auto estaba caro? Agradécele a Irán, que ha decidido que la economía global necesitaba un poco más de drama inflamable. Al parecer, el régimen de Teherán encontró un nuevo pasatiempo: incendiar instalaciones en los países árabes que considera sus enemigos, logrando que el barril de petróleo supere cómodamente los 100 dólares.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya entró en pánico oficial, declarando que este es el mayor shock de suministro petrolero de la historia, superando con creces la crisis de los gloriosos años 70. Y no es para menos, considerando que la producción de los estados del Golfo ha caído en unos modestos 10 millones de barriles diarios. Como brillante solución, la AIE propuso liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas. Un esfuerzo conmovedor que el analista Stephen Innes describió poéticamente como "apuntar una manguera de jardín contra un incendio en una refinería". Seguramente eso apagará las llamas.
Mientras tanto, el Medio Oriente se ha convertido en un verdadero tour pirotécnico. Las cámaras captaron densas columnas de humo en Bahréin tras un ataque a tanques de combustible, donde las autoridades, en un alarde de soluciones tácticas avanzadas, le pidieron a los residentes que simplemente "cerraran las ventanas" para no respirar el desastre. Los drones también hicieron turismo destructivo en el aeropuerto de Kuwait, llovieron explosiones en el centro de Dubái, y Arabia Saudita tuvo que atajar aparatitos voladores dirigidos a su embajada y campos petroleros.
Por su parte, el tránsito en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial, está tan paralizado como el sentido común de los líderes políticos. Teherán ha prometido que no dejará salir ni una gota de crudo mientras sigan los ataques de EE.UU. e Israel, los cuales comenzaron el 28 de febrero. Ya tuvimos un par de buques "saboteados" en Irak con al menos un marinero indio fallecido, proyectiles misteriosos golpeando barcos cerca de Emiratos Árabes Unidos, y a las fuerzas estadounidenses jugando al tiro al blanco con 28 barcos minadores iraníes.
Y en medio de este caos, el concurso de egos no decepciona. Donald Trump asegura que Irán enfrenta una "derrota inminente" y que están "prácticamente al final del camino", aunque admite, con cierta melancolía bélica, que las fuerzas estadounidenses ya casi no tienen objetivos qué bombardear en la república islámica. Del otro lado, los altos mandos iraníes prometen amablemente una guerra de desgaste a largo plazo para "destruir toda la economía estadounidense y la economía mundial". Qué agradables sujetos.
La ironía más triste viene de los propios ciudadanos iraníes. Una residente de Teherán, que arriesgó su vida en recientes protestas reprimidas brutalmente por el régimen de Mojtaba Khamenei, confesó su temor a que Trump finalmente se eche para atrás, suspenda los ataques y deje a sus amados líderes en el poder. "No entiendo a quienes dicen 'no a la guerra' porque fuimos nosotros los que salimos a protestar", comentó, resumiendo el trágico humor negro de la geopolítica actual.
Ah, y no olvidemos la factura: Estados Unidos ya se gastó la módica suma de 11.300 millones de dólares en esta aventura, según el Pentágono. Todo esto mientras el conflicto se extiende como pólvora dejando más de 630 muertos en Líbano, 1.200 en Irán, 14 en Israel y 24 en el Golfo. Pero oye, al menos las ventanas en Bahréin siguen cerradas.
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