Un avión de Air Canada procedente de Montreal logró aterrizar a salvo en el Aeropuerto LaGuardia de Nueva York, solo para ser embestido por un vehículo que, irónicamente, se supone que está ahí para salvar vidas: un camión de bomberos.
En los audios filtrados de la torre de control se escucha al camión pedir amablemente permiso para cruzar la pista, aunque al parecer a alguien se le olvidó mencionar que un jet comercial estaba aterrizando y en la misma dirección.
Kathryn García, directora ejecutiva de la Autoridad Portuaria confirmó el saldo: 41 personas enviadas de urgencia a hospitales, de las cuales 9 siguen internadas y el fallecimiento de los dos pilotos de la aeronave.
Sin embargo, en medio de todo este circo de incompetencia terrestre y despropósitos que invita a la diatriba más venenosa, hay que detener las burlas para reconocer a los únicos que demostraron profesionalismo: los dos pilotos que, trágica e injustamente, perdieron la vida en el impacto. Ante la súbita aparición del camión de bomberos transformado en objeto en la pista, estos profesionales maniobraron e hicieron lo imposible por absorber el daño y evitar una tragedia mayor. Su pericia y sacrificio final fueron el escudo que logró salvaguardar la vida de las decenas de pasajeros a bordo.
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