Si pensabas que tu semana iba mal, consuélate sabiendo que al menos no eres un barco comercial navegando por el Medio Oriente. Irán ha decidido que el Estrecho de Ormuz ahora es su peaje personal y privado, exigiendo un ridículo "permiso" sin precedentes para cualquiera que intente cruzar por ahí. Y para demostrar lo razonables que son, los Guardianes de la Revolución decidieron hundirle el día (y los barcos) al portacontenedores liberiano Express Rome y al carguero tailandés Mayuree Naree en aguas territoriales de Irak. El saldo de esta maravillosa diplomacia explosiva es de al menos un muerto, 38 aterrorizados tripulantes rescatados y varios desaparecidos. Al parecer, todos los buques vinculados a Estados Unidos, Israel o sus amigos ahora son "objetivos legítimos" para Teherán.
La economía mundial, por supuesto, reaccionó con la calma y la madurez que la caracteriza: entrando en pánico total. Ante el bloqueo del estrecho por donde pasa el 20% del crudo mundial, los líderes del G7 y la Agencia Internacional de Energía tuvieron que reunirse por videollamada de emergencia para coordinar una desesperada liberación masiva de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas. Estados Unidos, en su infinita generosidad, prometió escupir 172 millones de barriles para tratar de frenar el caos. ¿El resultado de esta histórica y épica maniobra? Ninguno. Los precios del petróleo Brent subieron más de un 7% de todos modos, demostrando que al mercado no le importan las promesas de los políticos. Mientras tanto, en el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer le advirtió a las empresas que "no tolerarán la especulación" ni que desplumen a los ciudadanos con el precio de la calefacción. Suerte con eso, Keir.
En el frente militar, la situación es igual de pacífica. Israel anunció una "oleada masiva de ataques" contra Teherán y objetivos de Hezbollah en Beirut, aclarando amablemente que su operación no tiene "límite de tiempo". Básicamente, un buffet libre de misiles. Por su parte, Irán está lanzando drones como si fueran confeti: uno impactó contra un edificio en Dubái, y Arabia Saudita está jugando al tiro al blanco interceptando drones que se dirigen a su campo petrolífero de Shaybah. Ante tanta paz y armonía, el CitiBank decidió cerrar casi todas sus sucursales en Emiratos Árabes Unidos y mandar a sus empleados a hacer home office, porque nada arruina más una jornada laboral que una amenaza de bombardeo iraní.
Pero no teman, que Donald Trump ya salió a declarar que Estados Unidos "ya ganó" la guerra y que el régimen de Irán está "prácticamente al final de la línea". En un alarde de su clásica contención, Trump aseguró que podrían golpear zonas de Teherán hasta dejarlos en un estado en el que les sea "casi imposible reconstruir su país", pero agregó rápidamente: "y no queremos eso". Qué considerado.
Para ponerle la cereza a este pastel de radiación y crudo, el Consejo de Seguridad de la ONU hizo lo que mejor sabe hacer: redactar un papel. Aprobaron la Resolución 2817 exigiendo a Irán el cese de sus ataques. Sorprendentemente, China y Rusia se abstuvieron para asegurarse de bloquear cualquier respuesta coercitiva real, porque por qué arruinar la diversión. Y si te preocupa que todo esto escale a nivel global, relájate: Corea del Sur ya dijo que pueden lidiar con la amenaza nuclear de Kim Jong Un incluso si Estados Unidos se lleva sus defensas antiaéreas para usarlas en Medio Oriente. Todo está perfectamente bajo control.
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