Si usted creía que el pensamiento mágico estaba muerto, le alegrará saber que goza de cabal salud en las oficinas de Canacintra y la Secretaría de Economía en Aguascalientes. Resulta que, de cara a la carnicería... perdón, la "revisión" del T-MEC con Estados Unidos, nuestros ilustres líderes empresariales han decidido que la mejor armadura es una sobredosis de optimismo ciego. Según Raúl Adames, titular del Comité de Comercio Exterior, en esta negociación "habrá más oportunidades que riesgos". Claro, seguramente son las mismas oportunidades que tiene una piñata en una fiesta infantil.
La representante de la Secretaría de Economía, Salma Luévano, anfitriona del evento, nos jura por lo más sagrado que esto no es una "negociación improvisada". Según ella, están blindados porque el proceso de revisión está respaldado por consejos empresariales, la academia y hasta la sociedad civil. Porque, como todos sabemos, no hay absolutamente nada que aterrorice más a los feroces negociadores estadounidenses que un panel de académicos mexicanos armados con un PowerPoint sobre "sinergias productivas".
Pero el verdadero festival del eufemismo llega de la mano de Erika Muñoz Vidrio, presidenta estatal de Canacintra. Con una sutileza envidiable, nos recuerda que el pequeño e insignificante detalle para sobrevivir al tratado es simplemente "elevar el nivel de preparación, certificación y competitividad" de las empresas locales. Traducido del idioma burócrata: estamos en pañales y nos acaban de avisar. La funcionaria admite con total frescura que, aunque el 65.2% del sector de autopartes está integrado, hay un nada despreciable 35% que sigue flotando en el limbo. Y mejor ni hablemos de las computadoras, las telecomunicaciones y el equipo médico, que todavía tienen "márgenes de exclusión" listos para ser negociados. Pero no se preocupen, seguro nuestros vecinos del norte, conocidos históricamente por su infinita piedad comercial, nos perdonan ese rezago tecnológico por nuestra cara bonita.
Por su parte Víctor Galindo Tejeda, vicepresidente nacional de Comercio Exterior de Canacintra, afirmó que México juega desde una "posición de fortaleza" y confía ciegamente en que las "reglas y mecanismos de deliberación" facilitarán el diálogo. Es genuinamente enternecedor ver cómo alguien todavía cree que un tratado de libre comercio asimétrico es un club de caballeros victorianos donde las reglas de etiqueta importan más que el garrote económico de los vecinos del norte.
Finalmente, Roberto Díaz Ruiz, presidente de Canacar, saca el pecho para presumir que llegamos "con mejores condiciones para competir", basándose en que el sector agroempresarial local creció un 14% el año pasado. ¡Tiembla, Washington! Si a Estados Unidos se le ocurre la brillante idea de amenazarnos con aranceles a la industria automotriz o cierres fronterizos, nuestra gran represalia bélica será lanzarles una avalancha imparable de guayabas y tomates altamente competitivos que reflejan un "potencial que todavía puede ampliarse".
En resumen: estamos listos para renegociar el T-MEC. No tenemos a nuestras industrias tecnológicas integradas al 100%, rezamos para que el vecino decida amablemente respetar las reglas, y nuestra gran carta de presentación es que ahora cosechamos más vegetales. Pero hey, ¡las risas y el optimismo no faltaron!
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