Ante la desgarradora y absoluta falta de opciones de "alta cultura" en Aguascalientes —porque claramente ir al Festival del Taco o disfrazarse para jugar Smash en el Collector Fest no satisfacen el refinadísimo paladar intelectual hidrocálido—, la población no ha tenido más remedio que volcarse a su única y desesperada opción de entretenimiento: irse al Cerro del Picacho. Pero como hacer simple senderismo y deporte ya es muy aburrido, los brillantes visitantes han decidido elevar su experiencia recreativa al arte del fuego, incendiando el lugar por puro descuido.
El loable esfuerzo por "iluminar" la ciudad
Resulta que este majestuoso cerro, que sirve de consuelo dominical para los locales que no tienen a dónde más ir, es en su mayor parte propiedad privada (aunque sea un área natural protegida). Y los dueños, en un acto de total incomprensión hacia la necesidad humana de prender fuego para no aburrirse, están amenazando con restringir y cerrar el acceso al público. ¡Qué atrevimiento! ¿Acaso no saben que dejar una fogata mal apagada para ver arder cerca de 100 hectáreas en una sola tarde es lo más cerca que estarán de un espectáculo de luces?
Sarahí Macías Alicea, la titular de la Secretaría de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua del Estado, tuvo la audacia de recordarle a la población que los dueños están en todo su derecho de prohibirles la entrada si siguen poniendo el lugar en riesgo. Según ella, casi todos los incendios forestales son provocados por descuidos humanos y actividades recreativas. ¡Vaya genio!
¿Y ahora a dónde irán?
Si los malvados dueños del Picacho cumplen su amenaza, el panorama recreativo se pondrá muy triste. Aunque bueno, parece que los ciudadanos ya se estaban previniendo y buscando sedes alternas para sus prácticas incendiarias, pues recientemente también le prendieron fuego a El Tecolote y a La Pona. Esta última opción es fantástica para el pirómano perezoso que no quiere salir de la mancha urbana.
Si cierran el cerro quedan pocas opciones culturales de este nivel. Quizá puedas intentar talar un árbol sin permiso para ver si logras juntar los 88 mil pesos de multa y la obligación de reforestar, nada más para sentir un poco de adrenalina. Si eso falla, siempre puedes ir a los estacionamientos de las plazas comerciales a ver cómo el Municipio corre a los vendedores sin permiso, o unirte a la clandestinidad comprando vapeadores ilegales y cigarros sueltos para seguir echando humo, pero ahora sin salir de la ciudad.
Así que ya lo saben: sigan "cuidando" la naturaleza en sus fines de semana. Total, provocar movilizaciones de bomberos y brigadas especializadas parece ser la actividad de moda. A ver a qué antro de mala muerte se van a quejar cuando por fin les pongan un candado en la entrada.
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