Si usted era de los que pensaba que el futuro de Aguascalientes estaba asegurado ensamblando vehículos hasta el fin de los tiempos, le sugerimos ir buscando un plan B. Parece que a nuestro infalible motor económico se le desbieló la máquina. La industria de la transformación, ese pilar intocable que actualmente sostiene al 37% de los trabajadores formales del estado (133,469 almas aseguradas en el IMSS), está perdiendo piezas a medio camino.
Resulta que entre febrero de 2025 y el mismo mes de este año, 2,587 trabajadores de este sector fueron "amablemente liberados" de sus obligaciones laborales, marcando una dolorosa contracción del 1.9%. Atrás, muy atrás, quedaron los días dorados de apenas hace un año, en marzo de 2025, cuando presumíamos nuestro récord histórico de 136,555 obreros en activo.
Con esta hemorragia de empleos, es inevitable empezar a especular lo peor: ¿estamos presenciando el inminente derrumbe de nuestra sacrosanta industria automotriz? Si la manufactura sigue cayendo en picada, las gigantescas armadoras que hoy nos dan de comer van a terminar convertidas en inmensas bodegas de chatarra o en museos de arte contemporáneo sobre "lo que alguna vez fue el sueño industrial hidrocálido". Pronto, el pilar económico de Aguascalientes será solo un mito urbano que los abuelos contarán a los niños.
Pero por favor, ¡no seamos tan fatalistas! ¡Aún hay "crecimiento"! En febrero de este año logramos la apoteósica y titánica hazaña de crear 370 empleos nuevos en comparación con enero. Sí, leyó usted bien: 370. Una cifra tan monumental que oficialmente se corona como la más baja y triste registrada para cualquier segundo mes del año desde el lejano 2011. A este ritmo arrollador, seguro recuperamos la fuerza laboral perdida para cuando los autos voladores pasen de moda.
Eso sí, para consuelo de los mediocres, el mal de muchos sigue siendo nuestro salvavidas emocional. Resulta que la miseria es compartida y Aguascalientes es solo uno de los 24 estados del país que van en retroceso dentro de la industria de la transformación. Al menos podemos llorar abrazados de Coahuila, que se desplomó un dramático 6.7%, o de la Ciudad de México, que cayó un 4.9%. Mientras nos hundimos, podemos mirar con envidia hacia Nuevo León, la única entidad industrial grande que se salvó de la quema con un apabullante y ridículo avance del 0.28%.
Así que ajuste bien su cinturón y revise sus bolsas de aire. El pilar manufacturero y automotriz de Aguascalientes está frenando en seco, y el choque contra nuestra nueva realidad económica promete dejarnos a todos con un severo latigazo cervical.
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