Prepárense, mortales, porque el mismísimo Mark Zuckerberg ha tenido que pausar su apretada agenda de dominar el mundo virtual para arrastrar...
Prepárense, mortales, porque el mismísimo Mark Zuckerberg ha tenido que pausar su apretada agenda de dominar el mundo virtual para arrastrar su humanidad hasta un tribunal de Los Ángeles. Sí, nuestro querido androide en jefe ha sido llamado a testificar en un juicio que promete ser tan divertido como un funeral. Resulta que una joven, cuya vida fue supuestamente arruinada por la benevolencia de Silicon Valley.
La demandante, una chica de 20 años identificada como K.G.M., acusa a los gigantes tecnológicos Meta y Google de haberle regalado una infancia llena de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas. ¡Qué desagradecida! Uno les da una plataforma para subir fotos de gatos y validar su existencia con likes, y a cambio recibe una demanda. Según la acusación, Mark y sus secuaces diseñaron sus juguetes digitales para ser tan adictivos como los casinos y los cigarrillos. Vaya sorpresa, ¿verdad? ¿Quién iba a pensar que el modelo de negocio basado en secuestrar nuestra atención para vendernos publicidad podría tener efectos secundarios?
El abogado de la joven afirma dramáticamente que su cliente se "obsesionó" y que su desarrollo hacia la edad adulta se desvió de lo "normal". Claro, porque lo normal hoy en día es no estar pegado a una pantalla recibiendo dosis de dopamina cada tres segundos desde que tienes menos de 10 años.
Mientras Snapchat y TikTok, demostrando tener un poco más de instinto de supervivencia (o vergüenza), decidieron abrir la billetera y llegar a un acuerdo extrajudicial para evitar el escarnio público, el buen Mark ha decidido plantarse en el estrado. Es la primera vez que el dueño de Meta tiene que dar la cara ante un jurado por sus maravillosos diseños. Quizás piensa que puede hipnotizar al jurado con su carisma robótico.
Este juicio, que durará unas seis semanas, es solo el aperitivo de unas 1,500 demandas similares que esperan su turno. Así que pónganse cómodos, agarren sus teléfonos (si es que pueden soltarlos) y disfruten del espectáculo de ver cómo los amos del universo intentan explicar que ellos no son los camellos digitales del siglo XXI.
La demandante, una chica de 20 años identificada como K.G.M., acusa a los gigantes tecnológicos Meta y Google de haberle regalado una infancia llena de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas. ¡Qué desagradecida! Uno les da una plataforma para subir fotos de gatos y validar su existencia con likes, y a cambio recibe una demanda. Según la acusación, Mark y sus secuaces diseñaron sus juguetes digitales para ser tan adictivos como los casinos y los cigarrillos. Vaya sorpresa, ¿verdad? ¿Quién iba a pensar que el modelo de negocio basado en secuestrar nuestra atención para vendernos publicidad podría tener efectos secundarios?
El abogado de la joven afirma dramáticamente que su cliente se "obsesionó" y que su desarrollo hacia la edad adulta se desvió de lo "normal". Claro, porque lo normal hoy en día es no estar pegado a una pantalla recibiendo dosis de dopamina cada tres segundos desde que tienes menos de 10 años.
Mientras Snapchat y TikTok, demostrando tener un poco más de instinto de supervivencia (o vergüenza), decidieron abrir la billetera y llegar a un acuerdo extrajudicial para evitar el escarnio público, el buen Mark ha decidido plantarse en el estrado. Es la primera vez que el dueño de Meta tiene que dar la cara ante un jurado por sus maravillosos diseños. Quizás piensa que puede hipnotizar al jurado con su carisma robótico.
Este juicio, que durará unas seis semanas, es solo el aperitivo de unas 1,500 demandas similares que esperan su turno. Así que pónganse cómodos, agarren sus teléfonos (si es que pueden soltarlos) y disfruten del espectáculo de ver cómo los amos del universo intentan explicar que ellos no son los camellos digitales del siglo XXI.
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