¿Buscas una fábrica automotriz seminueva, con capacidad para 230,000 vehículos y mano de obra calificada? ¡Estás de suerte! La planta COMPAS de Nissan y Mercedes-Benz en Aguascalientes está en liquidación. Solo hay un pequeño problema: comprarla implica meterse en medio de una pelea de borrachos entre Estados Unidos y China, con el gobierno mexicano escondido debajo de la mesa esperando que no le caigan los vidrios rotos.
Nosotros sí leímos la nota de Reuters que tanto presume el gobierno, y te explicamos por qué esta compra, que debería ser un trámite sencillo, se ha convertido en una misión suicida diplomática.
1. El "Tío Sam" no quiere vecinos nuevos (especialmente si hablan mandarín)
Empecemos por lo obvio: BYD y Geely, dos gigantes chinos, son los finalistas para comprar la fábrica, junto con la vietnamita VinFast. Suena bien, ¿no? Inversión extranjera, empleos... Pues no.
Resulta que Donald Trump y su administración han decidido que los autos chinos son non gratos en Estados Unidos, acusando a México de ser la "puerta trasera" para que estos productos entren al mercado estadounidense. Así que, si una empresa china compra la planta pensando en exportar al norte, se topará con un muro (y no el de ladrillos), sino uno de aranceles y prohibiciones comerciales. Básicamente, Washington ha dejado claro que "no necesitan autos hechos en México".
2. El Gobierno Mexicano: "Te quiero, pero en secreto"
Aquí es donde entra el humor negro de la burocracia nacional. México está desesperado por empleos tras perder 60,000 puestos en el sector automotriz el año pasado. Sin embargo, los funcionarios de la Secretaría de Economía están jugando al "teléfono descompuesto", presionando fuerte y quedito a las autoridades estatales a que retrasen cualquier inversión china.
¿La razón? Tienen pánico de que, si permiten que BYD o Geely se instalen cómodamente, Trump se enfurezca y haga pedazos las negociaciones del tratado comercial. Es la definición de ironía: México impuso aranceles del 50% a los autos chinos para complacer a EE.UU., pero eso solo motivó a los chinos a querer fabricar dentro de México, creando el problema exacto que querían evitar. ¡Unos verdaderos genios!
3. La lógica económica se fue de vacaciones
Para rematar el chiste, la planta se está vendiendo porque Mercedes-Benz y Nissan están huyendo. Mercedes se lleva su producción a Hungría porque, gracias a los aranceles de Trump del 25% a los autos mexicanos, ahora resulta más barato enviar autos a EE.UU. desde Europa o Asia que desde el propio México.
Sí, leíste bien. Después de décadas de integración comercial, es más rentable cruzar el Atlántico que cruzar el Río Bravo. Nissan, por su parte, está cancelando modelos que nadie compraba y cerrando fábricas como parte de su propia crisis existencial.
4. BYD está harta del papeleo (y quién no)
BYD ya tenía planes de construir su propia planta desde cero, pero aparentemente se abirrieron de la burocracia mexicana y el "trámite eterno", por lo que comprar una fábrica ya hecha como la de Aguascalientes parecía la salida fácil. Pobre gente ingenua. No saben que al comprar esa planta no solo adquieren robots y líneas de ensamblaje, sino también un boleto de primera fila para ser el saco de boxeo en la guerra comercial más grande del siglo.
En Resumen
La planta de Aguascalientes es ciertamente una joya industrial que está atrapada en un limbo político. Los compradores (BYD, Geely) tienen el dinero y las ganas, pero las dificultades internacionales (la furia arancelaria de EE.UU.) y nacionales (el gobierno mexicano jugando a las escondidillas para no enojar al vecino del norte) hacen que cerrar este trato en el mediano plazo sea tan probable como que Trump felicite a México por su política industrial.
¡Buena suerte al valiente que firme el cheque!
