México y Canadá, en un acto de ternura conmovedora (o de pura desesperación), han decidido tomarse de la mano y jurarse amor eterno. ¿La raz...
México y Canadá, en un acto de ternura conmovedora (o de pura desesperación), han decidido tomarse de la mano y jurarse amor eterno. ¿La razón? Washington los tiene temblando.
Sí, señores. Marcelo Ebrard y el ministro canadiense Dominique LeBlanc se reunieron en la CDMX para anunciar con bombo y platillo la creación de un "plan de acción" bilateral. Porque, claro, cuando el grandulón del barrio te está quitando el dinero del almuerzo, lo más lógico es juntarte con el otro niño debilucho para hacer dibujos y fingir que tienen el control.
Un "Plan B" (de "Berrinche")
Nos venden esta maravilla como una estrategia "paralela" al T-MEC. ¡Qué eufemismo tan elegante para decir "plan de fuga"! Según Ebrard, este glorioso plan busca acelerar agendas y reducir trabas. Traducción: están tratando de ver qué pueden venderse entre ellos antes de que las políticas restrictivas de Donald Trump terminen de asfixiarlos.
Dicen que la estrategia quedará definida en el segundo semestre del año. Perfecto, tómense su tiempo. Total, la revisión del T-MEC es en julio próximo y seguro Trump los esperará sentado pacientemente mientras terminan su café.
La cumbre de la palmada en la espalda
Para darle legitimidad a este teatro, juntaron a cerca de 900 compañías. Se describe como el "diálogo más amplio en años". Claro, nada une más a la gente que el pánico colectivo. Se firmó un "memorando de entendimiento" entre las cúpulas empresariales, ese documento burocrático favorito de los políticos que sirve, básicamente, para nada, pero que se ve muy bonito en la foto.
La lista de deseos de LeBlanc es tan tierna como ingenua: quiere profundizar en agricultura, manufactura avanzada, tecnologías limpias e industrias creativas. Ebrard, por su parte, promete una hoja de ruta con minerales, puertos y —prepárense para reír— mecanismos para "aumentar las oportunidades para los jóvenes". Sí, seguro los jóvenes están ansiosos por trabajar en cadenas de suministro que dependen de si el presidente de EE. UU. se levantó de buenas o no.
Turismo del pánico
Y como una reunión no fue suficiente para fingir que todo está bien, ya anunciaron la secuela: una visita recíproca de empresarios mexicanos a Canadá en los próximos meses. ¡Excursión escolar! Van a ir a congelarse a Ottawa para "identificar oportunidades", que es código corporativo para "rogarle a alguien que nos compre algo, lo que sea, por favor".
La triste realidad
Al final del día, toda esta pantomima de "continuidad al impulso político" no es más que una reacción alérgica al regreso de Trump y sus políticas restrictivas. México y Canadá están elaborando su casita de paja mientras el lobo ya está soplando en la puerta. Pero hey, al menos se tienen el uno al otro en este naufragio llamado integración regional.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
Sí, señores. Marcelo Ebrard y el ministro canadiense Dominique LeBlanc se reunieron en la CDMX para anunciar con bombo y platillo la creación de un "plan de acción" bilateral. Porque, claro, cuando el grandulón del barrio te está quitando el dinero del almuerzo, lo más lógico es juntarte con el otro niño debilucho para hacer dibujos y fingir que tienen el control.
Un "Plan B" (de "Berrinche")
Nos venden esta maravilla como una estrategia "paralela" al T-MEC. ¡Qué eufemismo tan elegante para decir "plan de fuga"! Según Ebrard, este glorioso plan busca acelerar agendas y reducir trabas. Traducción: están tratando de ver qué pueden venderse entre ellos antes de que las políticas restrictivas de Donald Trump terminen de asfixiarlos.
Dicen que la estrategia quedará definida en el segundo semestre del año. Perfecto, tómense su tiempo. Total, la revisión del T-MEC es en julio próximo y seguro Trump los esperará sentado pacientemente mientras terminan su café.
La cumbre de la palmada en la espalda
Para darle legitimidad a este teatro, juntaron a cerca de 900 compañías. Se describe como el "diálogo más amplio en años". Claro, nada une más a la gente que el pánico colectivo. Se firmó un "memorando de entendimiento" entre las cúpulas empresariales, ese documento burocrático favorito de los políticos que sirve, básicamente, para nada, pero que se ve muy bonito en la foto.
La lista de deseos de LeBlanc es tan tierna como ingenua: quiere profundizar en agricultura, manufactura avanzada, tecnologías limpias e industrias creativas. Ebrard, por su parte, promete una hoja de ruta con minerales, puertos y —prepárense para reír— mecanismos para "aumentar las oportunidades para los jóvenes". Sí, seguro los jóvenes están ansiosos por trabajar en cadenas de suministro que dependen de si el presidente de EE. UU. se levantó de buenas o no.
Turismo del pánico
Y como una reunión no fue suficiente para fingir que todo está bien, ya anunciaron la secuela: una visita recíproca de empresarios mexicanos a Canadá en los próximos meses. ¡Excursión escolar! Van a ir a congelarse a Ottawa para "identificar oportunidades", que es código corporativo para "rogarle a alguien que nos compre algo, lo que sea, por favor".
La triste realidad
Al final del día, toda esta pantomima de "continuidad al impulso político" no es más que una reacción alérgica al regreso de Trump y sus políticas restrictivas. México y Canadá están elaborando su casita de paja mientras el lobo ya está soplando en la puerta. Pero hey, al menos se tienen el uno al otro en este naufragio llamado integración regional.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
