¡Oh, qué tiempos aquellos en los que la solidaridad se medía en estetoscopios y no en aranceles! Guatemala, en un arranque de soberanía (léase: sumisión estratégica), ha decidido darle una patada a los médicos cubanos que llevaban ahí desde que el huracán Mitch decidió remodelar el país hace 27 años.
¿Casualidad? ¡Por favor! Resulta que la decisión del presidente Bernardo Arévalo llega apenas dos semanas después de firmar un jugoso acuerdo comercial con Estados Unidos. ¡Qué sincronización tan exquisita! Seguramente es pura coincidencia y no tiene nada que ver con que Washington esté presionando para que todos rompan su álbum de fotos con La Habana.
Lo más hilarante del asunto es la justificación del Ministerio de Salud. Dicen que van a reemplazar a los cubanos con "recurso humano nacional". ¡Aleluya! Al parecer, Guatemala tenía un ejército de oftalmólogos, epidemiólogos y pediatras escondidos bajo las piedras, esperando pacientemente durante casi tres décadas a que los caribeños se largaran para salir a trabajar a las zonas más pobres del país.
Porque claro, sustituir a 412 profesionales que atendían a ese "insignificante" 59% de la población que vive en la pobreza es pan comido. Esos campesinos e indígenas que respaldaban a la brigada cubana seguramente estarán encantados de saber que su salud ya no es una herramienta de "lavado de imagen" del régimen cubano —según la paranoica visión de EE. UU.—, sino un sacrificio necesario en el altar de la geopolítica.
La moda caribeña es simple, Bahamas ya había anunciado en junio que también mandaba de regreso a los cubanos tras unas "amistosas conversaciones" con el gobierno estadounidense. Al parecer, la restricción de visas de Washington funciona mejor que cualquier antibiótico.
Así que ahí lo tienen: una "finalización progresiva" del convenio, que es la forma elegante de decir: "Gracias por los servicios, pero en el norte nos está mirando feo".
Aquí cabe la pregunta obligada: ¿Y México? Pronto lo sabremos.
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