Costa Rica ha decidido que una sola dosis de Rodrigo Chaves no era suficiente castigo, así que corrieron a las urnas para asegurarse de que la secuela fuera igual de... emocionante. Laura Fernández se ha coronado como la nueva presidenta en primera vuelta.
Con un 48,5% de los votos, Fernández aplastó las esperanzas de Álvaro Ramos, quien con su triste 33,3% tendrá que conformarse con ser el "casi casi" de la historia, mientras que Claudia Robles y su irrelevante 4,8% apenas califican como error estadístico. Y ni hablemos del 30% de abstencionismo; casi un tercio del país prefirió quedarse viendo la pintura secarse antes que participar en esta fiesta de la democracia, aunque, irónicamente, la participación fue más alta que en el desastre de 2022.
Lo más hilarante de la jornada fue la promesa de Fernández: "continuidad del cambio". Léase con calma esa joya del oxímoron político. Básicamente, prometió que todo cambiará para seguir exactamente igual. ¿Genialidad o cinismo? Probablemente ambos. En su primer discurso, ya con la banda presidencial imaginaria puesta, juró presidir un gobierno de "diálogo y concordia", esas palabras vacías que todos los políticos recitan antes de hacer exactamente lo que les da la gana.
Pero el premio a la frase más empalagosa y servil se lo lleva su dedicatoria al gran titiritero: "Señor presidente, seguiré haciendo rugir a nuestra economía jaguar". Así es, Fernández no solo ganó gracias al respaldo de Chaves, sino que su plan maestro es seguir mencionándolo como si fuera una deidad.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
