¡Cierren las puertas, escondan a sus hijos y saquen los garrafones de agua bendita! El apocalipsis acechaba a Aguascalientes en forma de adolescentes con orejas de gato y colas de zorro. La sat谩nica "reuni贸n Therian", convocada a trav茅s de las siempre diab贸licas redes sociales, amenazaba con destruir los valores tradicionales peor que aquel hurac谩n que iba a dejar un agujero en donde est谩 la ciudad, pero al final... el 煤nico monstruo presente fue el rid铆culo colectivo.
El nivel de p谩nico pueblerino alcanz贸 proporciones tan 茅picas que hasta el obispo de la Di贸cesis de Aguascalientes, Juan Espinoza Jim茅nez, tuvo que salir a dar la cara y expresar su profunda "preocupaci贸n" por este fen贸meno paranormal. Seg煤n su prodigiosa red de inteligencia, estos emisarios de la perdici贸n ni siquiera eran de nuestro sagrado terru帽o, sino que vendr铆an de otros estados, seguramente en autobuses pagados por el maligno, para corromper a nuestra casta y pura juventud.
Y lleg贸 el fat铆dico d铆a del juicio final. La expectativa estaba por los cielos gracias a las declaraciones eclesi谩sticas y al chisme digital de un hijito de papi. ¿Qu茅 macabros rituales presenciar铆amos? ¿J贸venes aull谩ndole al sol en pleno parque? Pues no. Resulta que al temible encuentro 煤nicamente llegaron chismosos, mirones y j贸venes curiosos que quer铆an ver si alguien se pon铆a a ladrar. La amenaza sobrenatural se resumi贸 en un grupo de personas esperando a que pasara algo, sin que existiera la presencia de organizadores formales, ni un acto colectivo, ni mucho menos un aquelarre estructurado. El lugar simplemente permaneci贸 sin actividad organizada.
Al final, este bochornoso episodio dej贸 una gran lecci贸n: evidenci贸 c贸mo una simple convocatoria digital de unos j贸venes jugando en internet puede generar movilizaci贸n, p谩nico moral y un debate social absurdo, aun cuando el evento ni siquiera logre concretarse.
As铆 que, por ahora, los hidroc谩lidos pueden volver a guardar sus rosarios y dormir tranquilos. Los temibles mutantes no llegaron a la reuni贸n que nunca se hizo, demostrando que la verdadera bestia a temer es la ignorancia y la paranoia colectiva que sataniza cualquier cosa que no logre comprender. ¡Aleluya, estamos a salvo de la nada!
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