Donald Trump, desde la comodidad de su avión presidencial, ha soltado la bomba: Claudia Sheinbaum aceptó dejar de enviar petróleo a Cuba.
Hace apenas unos días, el miércoles 29 de enero, Sheinbaum aseguraba que México toma "decisiones soberanas" y negaba rotundamente los rumores sobre la suspensión de envíos de crudo a la isla. Incluso nos dio una cátedra sobre la diferencia entre la ayuda humanitaria y los contratos comerciales de Pemex, jurando defender la cooperación con los camaradas cubanos. ¡Qué tierna ingenuidad!
Pero la realidad es que Trump salió ante los periodistas para narrar cómo le dictó la plana a la mandataria mexicana: "Yo le dije: ‘Mira, no queremos que envíen petróleo allí’, y ella no está enviando petróleo allí". Y para rematar le dio una palmadita en la cabeza verbal, elogiándola por haber sido "muy buena" al acceder a su petición.
El plan es simple y maquiavélico: quiere que Cuba "vuelva a ser libre" a base de asfixiarlos sin combustible. Y como, según sus propias palabras, la isla ya no puede vivir del dinero de Venezuela desde que capturaron a Nicolás Maduro, ahora nos toca a nosotros alinearnos o sufrir. Porque claro, Trump ya firmó una orden para clavarle impuestos y aranceles a cualquier país que se atreva a venderle petróleo a Cuba.
Así que, mientras México tiembla ante el dilema de apoyar a sus amigos ideológicos o evitar la ira de EUA, parece que la respuesta ya la dio Trump por nosotros. Tanta retórica de soberanía para terminar haciendo exactamente lo que él ordena.
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