Como dice la canción popular: "Sacaremos a ese buey de la barranca". Y vaya que el nuevo dirigente de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), Juan Carlos Arredondo Hernández, ha sacado los tractores, las grúas y hasta los violines más tristes para rescatar a sus antecesores de la zanja de la responsabilidad penal. En lo que no son más que declaraciones estultas que denotan una ceguera voluntaria o una complicidad descarada, el actual rector (con letra minúscula) ha decidido convertirse en el abogado defensor de la incompetencia.
En un despliegue de gimnasia mental que merece su propio doctorado honoris causa, Arredondo Hernández ha declarado que los ex-rectores involucrados en la bochornosa "Estafa Ponzi" de la institución no deberían, ¡Dios nos libre!, pisar la cárcel. Según él, todo fue un inocente tropiezo provocado por actuar "de buena fe". Porque, claro, ¿Quién no ha comprometido accidentalmente los recursos de una universidad en un esquema piramidal de fraude criminal?
Según esta brillante lógica, solo tuvieron el minúsculo "descuido que puede tener cuando confías en alguien". ¡Pobres angelitos ingenuos! Habrá que comprarles baberos nuevos para que no se manchen mientras dirigen instituciones de educación superior.
Para lavarse las manos con jabón zote institucional, el actual rector asegura que la culpa es de los entes malévolos del exterior. Afirma, con cara de mártir, que la pura e indefensa Universidad fue "penetrada por personajes que abusaron de la confianza", seres viles que ni siquiera pertenecen a su santa comunidad.
Y aunque jura y perjura que con esto "no lo hacemos tratando de desligarnos de la responsabilidad", inmediatamente le avienta la bolita a las autoridades, diciendo que la universidad solo se sentará a ser "respetuosa" mientras la fiscalía hace el trabajo.
¿Y cuál es el castigo ejemplar para este desfalco monumental dictado por la "ingenuidad"? Una suave palmadita en la muñeca. Arredondo sugiere que una simple inhabilitación o destitución (una "responsabilidad administrativa") es más que suficiente castigo para los bueyes rescatados.
Mandar a prisión a quienes permitieron el saqueo de la universidad sería, en sus propias y trágicas palabras, algo "que no es justo", erigiéndose como el paladín que "va a proteger a nuestra comunidad". Qué alivio saber que el encubrimiento, perdón, la "protección", sigue intacta.
Al final, la tragedia se cuenta sola: la impunidad en la UAA ahora se disfraza de "error de buena fe". Los ex-rectores están, convenientemente, "dispuestos a colaborar", seguramente desde la comodidad de sus casas, mientras el resto de la comunidad universitaria paga los platos rotos de la Estafa Ponzi.
Ah! y para rematar comenta que no van a subir la cuotas a los alumnos (risas y más risas)...Faltaba más, con todo el dinero que está esfumado.
Parece que "La sabiduría lo ha perseguido, pero él siempre ha sido más rápido".
