Ah, el dulce y embriagador aroma de la soberanía nacional. Ayer las heroicas Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano abatieron en Tapalpa, Jalisco, a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Los pechos ultranacionalistas se inflaron de orgullo ante la demostración de poderío patrio frente al crimen organizado. Pero, ¡oh, sorpresa! Resulta que detrás del telón de nuestra inquebrantable independencia militar estaba el Tío Sam dictando las coordenadas.
La propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tuvo que salir a admitir, con ese lenguaje burocrático que disfraza verdades incómodas, que la planeación y ejecución del operativo contó con "información complementaria" proporcionada por las autoridades estadounidenses. Traducción: el aparato de inteligencia de Estados Unidos les tuvo que decir por dónde buscar al que era su segundo hombre más buscado, solo detrás de Rafael Caro Quintero. Nada grita "somos una nación fuerte e independiente" como necesitar que los vecinos del norte nos hagan la chamba de inteligencia para abatir al capo más sanguinario.
Y mientras los defensores de la patria celebran este "logro histórico" en redes sociales, el subsecretario de Estado norteamericano, Christopher Landau, aprovechó para darnos unas palmaditas condescendientes en la espalda. "Los buenos somos más que los malos", tuiteó emocionado, felicitando a "la gran nación mexicana" por hacerle el trabajo sucio a la DEA.
Pero la comedia negra apenas comenzaba. Minutos después de su porra inicial, Landau se dio cuenta de que su "gran acontecimiento" había desatado el apocalipsis en México. Con medio país ardiendo en narcobloqueos que paralizaron Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Guanajuato, Colima, Nayarit y Aguascalientes, el funcionario estadounidense matizó su celebración y, viendo el caos desde la comodidad de su oficina, nos mandó un conmovedor: "¡Ánimo México!". ¡Gracias, Christopher! Seguro ese "ánimo" es justo lo que necesitan nuestras fuerzas armadas para enfrentar a un cártel que los recibió a tiros con lanzacohetes diseñados para derribar aeronaves.
Por supuesto, la maquinaria de propaganda y la gimnasia mental no podían faltar en esta fiesta. Mientras el país se incendiaba en una respuesta violenta que las mismas autoridades de EE.UU. dijeron que "no sorprendía", figuras como Epigmenio Ibarra corrieron a celebrar la caída del Mencho, sin olvidar la vieja confiable: echarle la culpa a Felipe Calderón, asegurando que el CJNG creció al amparo del "usurpador".
Y para rematar el chiste de nuestro surrealismo trágico, la gobernadora de Veracruz nos regaló la frase del año. En medio de un escenario de guerra y caos a nivel nacional, salió a declarar estoicamente: "mañana vamos a continuar con nuestra vida cotidiana". Claro que sí, gobernadora, no hay nada más cotidiano que esquivar autobuses calcinados camino a la oficina.
Así que pongámonos de pie, cantemos el himno y celebremos nuestra soberanía intacta. Abatimos al narco más poderoso, nosotros solitos... bueno, con el pequeño empujoncito de la inteligencia gringa, el armamento pesado en las calles y el país en llamas. ¡Pero hey, al menos los buenos somos más!.
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