Parece que a Estados Unidos se le acabaron los enemigos terrestres o que el "cine sintético" de Hollywood ya no les alcanza para entretener a las masas. ¿La última moda en el país de la libertad? Seguir mirando al cielo buscando platillos voladores como si fueran niños esperando a Santa Claus, pero con presupuesto militar.
La semana pasada, el expresidente Barack Obama decidió echarle gasolina al fuego de la neurosis colectiva. En una entrevista, con esa sonrisa de "yo sé cosas que tú no", soltó la bomba: "Sí, son reales, pero no los he visto". ¡Brillante! La lógica perfecta del político: confirmar la existencia de algo sin presentar una sola prueba. Es la versión gubernamental del amigo que jura que tiene novia, pero "va a otra escuela".
Obama, rompiendo corazones conspiranoicos, aseguró que no hay alienígenas escondidos en búnkeres subterráneos en el Área 51. Claro, porque si el gobierno de EE.UU. tuviera una conspiración masiva para ocultar vida extraterrestre, lo primero que harían sería contárselo al presidente y luego dejar que él lo admitiera en un podcast. Obama incluso bromeó diciendo que su primera pregunta al llegar a la Casa Blanca fue "¿Dónde están los extraterrestres?". Prioridades, señores. La economía puede esperar; primero veamos si E.T. pagó sus impuestos.
Mientras tanto, el Pentágono sigue jugando a los Cazafantasmas con nuestra paciencia. Su "Oficina de Resolución de Anomalías" (un nombre que grita burocracia kafkiana) reportó 757 nuevos avistamientos entre 2023 y 2024. ¿El resultado? La gran mayoría eran globos, pájaros o basura espacial. Pero claro, dejan 21 casos sin explicación para que la gente siga comprando gorros de papel aluminio. La subsecretaria de prensa, Sabrina Singh, tuvo que salir a decir, básicamente, que no tienen guardado a Alf en el sótano y que no hay "evidencia verificable" de tecnología alienígena,.
Pero el circo no estaría completo sin los "testigos estrella". Ahí tenemos a Luis Elizondo, ex funcionario del Pentágono, jurando ante el Congreso que "tecnologías avanzadas" nos están vigilando. Y no olvidemos al contraalmirante retirado Tim Gallaudet, quien narra historias de terror sobre correos electrónicos que desaparecen misteriosamente tras reportar ovnis, como si el servidor de la Armada funcionara con el mismo software defectuoso que una impresora casera. Según él, hubo colisiones cercanas con estos objetos durante ejercicios navales. Quizás los alienígenas solo querían ver de cerca en qué se gastan los billones de dólares de defensa los humanos.
Al final del día, es enternecedor. Mientras el mundo real lidia con tensiones geopolíticas, buques fantasmas iraníes y tormentas severas, los norteamericanos prefieren debatir si las luces en el cielo son marcianos o simplemente otro dron de Amazon que se perdió.
Sigan mirando arriba, gringos. Mientras tanto, aquí abajo la comedia se escribe sola.
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